Sasha 👑
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@SashaDixit
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Hace 13 años, com @mauriciomacri, inaugurábamos el Metrobus de la 9 de Julio. En ese momento parecía una locura. Nos decían que era imposible, que iba a colapsar el tránsito, que estábamos arruinando la avenida más emblemática del país, que estábamos matando miles de árboles. Incluso dentro del propio gobierno de la ciudad, había dudas. Pero había algo que nos convencía de seguir adelante: sabíamos que millones de personas iban a vivir mejor. Y con un equipo extraordinario, profesional y comprometido, transformamos en tiempo récord una de las avenidas más importantes del mundo. Y el tiempo terminó haciendo su trabajo para que darnos la razón. Hoy el Metrobus no es una obra del pasado. Es un ícono de Buenos Aires. Es parte del paisaje de la ciudad. Es uno de esos lugares que aparecen en las postales, en las publicidades, en las películas y hasta en los festejos más importantes de los argentinos. Ahí estuvo el metrobus cuando salimos ganamos partidos, salimos a festejar durante el mundial y miles de personas se subieron a sus estaciones para celebrar. El metrobus se convirtió, literalmente, en un escenario de nuestra alegría colectiva. Eso es lo que pasa cuando una obra pública está bien pensada y bien ejecutada: no sólo deja de pertenecer a un gobierno y pasa a pertenecer a la gente sino que perdura en el tiempo, cumpliendo siempre su función. Me acuerdo de las discusiones, de las críticas y de las noches sin dormir. Pero, sobre todo, me acuerdo de un equipo que nunca dejó de creer. El Metrobus me sigue recordando una de las lecciones más importantes que aprendí en la gestión pública: cuando hay un propósito claro, convicción para sostenerlo y equipos de excelencia, se pueden hacer transformaciones en serio, aunque muchos digan que son imposibles. Y con el tiempo, esas transformaciones dejan de ser una obra para convertirse en parte de la identidad de una ciudad.



En Australia, un pescador avistó algo extraño en medio del mar: Un perro nadando solo, exhausto, muy lejos de la costa. Al rescatarlo, notaron que llevaba puesto un chaleco salvavidas. Al investigar, se reveló la historia detrás: La familia del perro, llamada Heidi, había salido a navegar en su lancha. Por un accidente, el bote se volcó mar adentro, y Heidi fue separada de ellos. Durante más de 11 horas, Heidi nadó sin parar… no hacia la orilla, sino en dirección a donde vio por última vez a su familia. No se detuvo. No descansó. Nadó como si supiera que la única forma de encontrarlos… era seguir adelante. Cuando los guardacostas hallaron la lancha volcada, los tripulantes estaban vivos, aferrados al casco del bote. Y gracias a Heidi, que dio señales de que algo estaba mal, fueron rescatados con vida. Heidi no solo nadó por su vida. Nadó por amor. Y lo más impresionante no fue que sobreviviera, fue que nunca se rindió. Hay quienes cruzan océanos no por instinto, sino por amor. Porque aunque no puedan hablar, los que aman, siempre encuentran el camino de regreso. #HeroesSinCapa



















