Ramón Álvarez de Mon@Ramon_AlvarezMM
ARBELOA HA MEJORADO AL REAL MADRID
La mejoría del Real Madrid desde la llegada de Álvaro Arbeloa al banquillo es ya un hecho incuestionable que refuerza mi confianza en él de cara al próximo proyecto. El equipo no sólo ha ganado el derbi, sino que proyecta una sensación de unidad y crecimiento individual en piezas clave que parecía perdida meses atrás. Sin necesidad de desmerecer el trabajo de Xabi Alonso, es evidente que Arbeloa ha sabido pulsar las teclas adecuadas para conectar con una plantilla y un club que tienen códigos muy particulares, logrando un rendimiento que va mucho más allá de los resultados inmediatos.
El impacto de Arbeloa se mide, sobre todo, en la resurrección futbolística de dos figuras capitales: Fede Valverde y Vinicius Jr. Existe un antes y un después para ellos con el cambio de técnico. Valverde, ubicado ahora en la banda con una jerarquía y libertad que no tenía antes, está ofreciendo el mejor nivel de su carrera, sumando ya seis goles bajo el mando del espartano frente al único tanto que logró con el anterior entrenador. Por su parte, Vinicius ha recuperado la sonrisa y la eficacia; Arbeloa ha entendido que el brasileño necesita ese plus de cariño y confianza para explotar sus virtudes, algo que se tradujo ayer en un golazo decisivo pese a no ser su día más brillante en el regate.
Más allá de las individualidades, el equipo ha demostrado una madurez colectiva admirable ante la adversidad. Las numerosas bajas, lejos de hundir al grupo, han servido para estrechar lazos y fomentar una competitividad interna basada en la meritocracia. Arbeloa no ha dudado en dar galones a canteranos como Thiago, que están respondiendo con un rendimiento excepcional, o en gestionar con naturalidad la suplencia de estrellas como Mbappé y Bellingham cuando no están al 100%. Esta gestión del vestuario ha devuelto la autoestima a unos jugadores que ahora creen con más energía en el plan trazado.
Otro factor determinante en esta evolución ha sido el regreso de Antonio Rüdiger. La vuelta del central alemán en marzo no sólo ha blindado la defensa, sino que ha potenciado a jugadores como Huijsen, quien se siente mucho más arropado con la jerarquía del teutón a su lado. Junto a ellos, nombres como Fran García, Tchouaméni o Brahim están en una línea ascendente clara, configurando un bloque mucho más estructurado y coherente. El equipo ya no solo transita con peligro, sino que ataca con más eficacia bloques cerrados, como demostró en la remontada ante un Atlético de Madrid que intentó protegerse sin éxito.
En definitiva, lo que estamos viendo es un equipo con una identidad renovada y mucha confianza en su entrenador. Independientemente de si se logran títulos al final del camino, el "cómo" se compite y la evolución de los futbolistas son argumentos de peso para avalar la continuidad de Arbeloa. Ha sabido dotar de alma a un equipo que parecía a la deriva, demostrando que conoce perfectamente lo que significa defender este escudo desde el banquillo. El reto ahora será mantener esta inercia positiva y acoplar definitivamente a todas las piezas ¿indiscutibles? que vuelven para el asalto final a los grandes trofeos.