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Ayer en la oficina, mi jefe me negó el permiso para ir al festival escolar de mi hija. Me dijo que 'las prioridades personales se quedan en la puerta'. Dos horas después, su esposa lo llamó llorando porque se le pinchó una llanta y no sabía qué hacer. Él entró en pánico porque tenía una reunión importante y me pidió que fuera yo a ayudarla porque 'yo sí sabía de esas cosas'.
Le dije: 'Lo siento, jefe, pero mis habilidades mecánicas también son prioridades personales y se quedaron en la puerta al entrar'. Se quedó mudo. No sé si mañana tendré trabajo, pero hoy cené viendo las fotos del festival de mi hija y esa paz no se compra con un sueldo.
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