
Sol Bajar
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Sol Bajar
@Sol_Bajar
Feminista. Psicóloga. Comunicadora. Asesoro a Bregman, Del Caño, Vilca y Castillo en el Congreso


¿Civilización o barbarie? La pelota no se mancha y cada cuál puede hinchar por quién quiere. Es imposible no disfrutar de las asistencias de Olise o esperar el gol de Haaland. Aunque en una situación mundial tan polarizada, atravesada por guerras, genocidios, levantamientos de masas, era impensado que todo eso no terminara colándose en este mundial de fútbol. Las y los fanáticos nos queríamos concentrar en la pelota y todo irrumpía: el maltrato histórico al equipo de Irán, la posibilidad de que juegue Estados Unidos que no le dieron a Rusia en 2022 ya que la FIFA la suspendió por la guerra con Ucrania, la discriminación hacia el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, la intromisión de Trump para que se retire una tarjeta roja, el técnico de la selección de Egipto blandiendo la bandera palestina, la silbatina al propio Trump el día de la final y otros hechos. En ese contexto, que daría para horas de debate, asoló la ubicación de sectores progresistas de distintas partes del mundo, incluso de la izquierda, buscando argumentos para no hinchar -algo que nadie puede pedirles- ni apoyar a Argentina, aún después que esa bandera de “Las Malvinas son argentinas” cayera flotando sobre la cancha, sea tomada por las manos de los jugadores de la selección y llevada a las tapas de los diarios y redes sociales de todo el planeta. Argentina estalló. No es para menos, tenemos una ocupación colonial en Las Malvinas y un presidente que admira a Thatcher. ¿Cómo no gritarlo como (otro) gol? ¿Cómo no salir a la calle y cantar contra la potencia usurpadora? El conservador diario británico The Telegraph lanzó un ataque delirante contra la selección argentina. Tituló: “España gana el Mundial en un triunfo del fútbol sobre la delincuencia argentina”. Un diario que apoyó el colonialismo inglés. Claro, para ellos, en la vida hecha ajedrez, nunca el peón se come al rey. Tanto en los medios de comunicación de Inglaterra como en España, hubo voceros que trataron de poner a la Selección argentina como los malos de la película, como una forma de sacar el foco de la presencia, primero, colonial, y luego imperialista de esos dos países en Argentina y en América Latina. No comemos vidrio. No solo aparecería Milei llamando “termos mononeuronales” a quienes reclaman en forma popular la soberanía, también surgiría “fuego amigo”. Acá está el problema; algunos dijeron que el reclamo por Las Malvinas “era de la dictadura”, otros se pusieron a buscar más argumentos; fueron desde que “Argentina no es un país oprimido” hasta tratar de instalar que lo único que divide el mundo es el apoyo a Palestina y que la selección española sería pro Palestina y la de Argentina, sionista. No creo que sean casualidades. Una cosa es denunciar crímenes en otras tierras, otra es denunciar a sus propios imperialismos, colonialistas y cómplices del genocidio, que no dejaron de venderle armas a Israel porque un jugador como Yamal levantó la bandera palestina. La prueba del carácter de una persona progresista, de izquierda o socialista en un país central, es justamente esa. Ser capaces, como decía el Che, de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Pero, agrego, sobre todo en las regiones oprimidas por el país donde reside uno. @SantiagoLupeBCN desde Barcelona escribió “La victoria deportiva de la selección española ha desatado celebraciones multitudinarias en todo el Estado. Más allá de la comprensible alegría por un éxito deportivo, el fenómeno vuelve a poner sobre la mesa el papel político que desempeña la selección en la promoción del nacionalismo español: la normalización de los símbolos del régimen del 78 (de transición pos franquista), la negación del derecho de autodeterminación de las naciones del Estado español —cuyas selecciones tienen vetada su participación en los campeonatos internacionales— y el refuerzo de un marco ideológico que blanquea el imperialismo español con un discurso "progre", al tiempo que alimenta el crecimiento de la derecha y la extrema derecha”. Y agrega sobre el Estado Español “no es el Estado amigo del pueblo palestino que se pretende vender. Si bien los gestos de algunos deportistas, como Lamine Yamal, han supuesto un importante apoyo mediático a su causa, el papel del Estado español y del Gobierno de PSOE-Sumar es bien distinto. Más allá de algunos discursos y decisiones simbólicas, el Estado español es plenamente cómplice del genocidio contra el pueblo palestino, tal y como siguen denunciando las organizaciones propalestinas en cada movilización”. A ninguno de esos pensadores progresistas que fueron tan rápidos para asimilar a toda la Argentina al pensamiento de Milei, se les escuchó una palabra sobre los festejos del corrupto rey de España con sus princesas, ni sobre la naturalización de la existencia de esa monarquía, bastante colonialista, además. ¿Por qué me parecen tan graves esas posturas en este momento? Porque toda América Latina está bajo un fuerte asedio imperialista, Venezuela, Cuba, la intromisión en procesos políticos y un largo etcétera. Argentina es un caso particular porque ese avance imperialista se lleva adelante con la anuencia -y promoción- de su Presidente y con la complicidad de la mayoría de los gobernadores y de sectores de la oposición tradicional del radicalismo y el peronismo. Están aplastando la más elemental soberanía: con la deuda externa, el RIGI, super RIGI, la reforma de la Ley de Glaciares, la reforma laboral que pidieron las multinacionales extranjeras. Ahora preparan una Ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que en realidad es una ley para saquear la propiedad pública y extranjerizar nuestras tierras. Trump quiere convertir nuestro país en un enclave colonial. Las grandes empresas del mundo entero se relamen. Y un porcentaje cada vez mayor del pueblo trabajador de nuestro país se resiste a ese destino. Es raro que se los tenga que contar yo, pero eso grandes sabiondos de la política internacional ¿no pensaron que quienes más nos opusimos a esas políticas de entrega y saqueo, al alineamiento del gobierno con Israel, hoy encabezamos las encuestas de reconocimiento público? ¿No les indica nada? Es un gran momento para volver a discutir las categorías clásicas de imperialismo, países dependientes y tantas otras. Ante todo, es momento de no ser cínicos. Hinchen por quién quieran, esto es fútbol, pero si tienen ganas de ser parte de los gobiernos imperialistas o directamente gestionar esos imperialismos, no busquen excusas. Algunos tenemos familiares que murieron peleando contra la ocupación colonial. Roberto Bordoy tenía 19 años, era hijo de la tía Angélica Becker, hermana de mi abuela María. Fue uno de los soldados que estaba en el Crucero General Belgrano y no volvió. Ni olvido ni perdón para Margaret Thatcher, ni para ninguna de las acciones coloniales que están vigentes en el mundo, ni para los indignos cómplices locales. La izquierda será antimperialista, o seguramente, no será.






























