Mi papá odió a nuestro vecino durante 11 años. Decía que era grosero. Frío. Arrogante. Todas las mañanas el tipo ignoraba a todos y se iba sin saludar con la mano. Un invierno mi papá resbaló en el hielo afuera de nuestra casa. Una caída fuerte. No podía moverse. ¿Adivinen quién corrió primero al otro lado de la calle? El vecino “arrogante”. Llamó a la ambulancia. Cubrió a mi papá con su propio abrigo. Se quedó con él 40 minutos en el frío glacial. En el hospital mi papá preguntó: "¿Por qué siempre fuiste tan poco amistoso?" El hombre se veía confundido. Luego dijo: