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BOUVINES, 1214. LA BATALLA QUE HIZO A FRANCIA, FORZÓ LA CARTA MAGNA Y CAMBIÓ AL EMPERADOR. CASI DESCONOCIDA FUERA DE FRANCIA
Bouvines es una de las batallas decisivas del medievo europeo y fuera de Francia casi nadie la conoce. Un domingo, el 27 de julio de 1214, el rey Felipe II Augusto de Francia derrota a la mayor coalición política del momento y, en cinco horas, finiquita el imperio angevino en el continente, empuja a Inglaterra a la Carta Magna once meses después y obliga al recambio de emperador en el Sacro Imperio.
La coalición la organizó Juan sin Tierra de Inglaterra. Recluta a su sobrino Otón IV de Brunswick, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, a Fernando de Portugal, conde consorte de Flandes, a Renaud de Dammartin, conde de Boulogne, y a su hermanastro Guillermo Longespée, conde de Salisbury. Sumó además varios contingentes de Brabante, Limburgo, Lorena, Holanda y Henao. El plan era realizar una pinza sobre París, con Juan atacando desde Aquitania al sur y la coalición avanzando desde Flandes al norte.
La pinza se rompe el 2 de julio en La Roche-aux-Moines, cerca de Angers. El príncipe Luis, hijo de Felipe Augusto, fuerza la retirada del rey inglés cuando los barones de Poitou se niegan a combatir junto a él. Juan abandona el bagaje y huye a La Rochelle. El brazo norte, intacto, sigue hacia París. Felipe Augusto lo intercepta el 27 de julio cerca del puente de Bouvines, en el condado de Flandes.
Las cifras revisadas por Dominique Barthélemy en 'La bataille de Bouvines' sitúan unos 7.000 hombres en el bando francés frente a entre 9.000 y 15.000 coligados. La tradición decimonónica multiplicaba esos números por tres y las fuentes contemporáneas no lo sostienen.
La jornada empezó con un problema canónico pues pelear en domingo era casi un tabú para el código caballeresco, y los caballeros franceses dudaron, pero Garín de Senlis, hospitalario, obispo de Senlis y asesor militar del rey, zanjó la cuestión asegurando que si la coalición había cruzado las fronteras del reino, había legítima defensa. Junto a él combatía Felipe de Dreux, obispo de Beauvais, primo hermano del rey y veterano de la Tercera Cruzada, que capturó él mismo a Guillermo Longespée.
En cinco horas la coalición se hundió y Otón IV huyó dejando el estandarte imperial en manos francesas, un águila dorada sobre un dragón en un carro alto, según describe Guillaume le Breton en la 'Gesta Philippi Augusti'. Fernando de Flandes fue capturado, encadenado y arrastrado hasta París, donde pasará trece años en prisión. Renaud de Boulogne resistió hasta el final en un círculo defensivo de setecientos infantes brabanzones aunque al ginal lo capturaron y murió en cautiverio en 1227. El Catalogus Captivorum, lista contemporánea de prisioneros, recoge cinco barones, veinticinco nobles y ciento treinta y nueve caballeros. Hubo solo 169 muertos aliados y dos franceses en el campo.
El imperio angevino en el continente quedó finiquitado. Normandía, Anjou, Maine y Turena, todo lo que Enrique II Plantagenet había construido entre 1154 y 1189, pasó a la corona francesa y once meses después, los barones obligaron a Juan sin Tierra a firmar la Carta Magna en Runnymede el 15 de junio de 1215. El rey volvió arruinado y desacreditado tras Bouvines, y los barones aprovecharon. En el Sacro Imperio, Otón IV abdicó de hecho y el trono pasó a Federico II Hohenstaufen, candidato sostenido por Felipe Augusto y el papa Inocencio III.
Hoy la batalla solo tiene memoria física en la iglesia neogótica de Saint-Pierre de Bouvines, en el departamento del Norte, donde veintiún vidrieras de ocho metros narran la jornada, realizadas por Emmanuel Champigneulle entre 1889 y 1906 por encargo del alcalde Félix Dehau.
Bibliografía recomendada en los comentarios.