Vivian Sleiman

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Autora del Best Seller Virgen a los 30, El Poder de tu Espíritu, Virgen a los 30 II Amapola Toscana NEW Instagram: @vivsleiman

Katılım Ağustos 2009
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Juan Carlos Sosa Azpúrua
Juan Carlos Sosa Azpúrua@jcsosazpurua·
Venezuela: entre la fractura del pasado y la arquitectura del porvenir Por Juan Carlos Sosa Azpúrua El 3 de enero de 2026 no fue simplemente una fecha. Fue una disrupción histórica. Un punto de quiebre donde el tiempo político venezolano —durante años detenido en una lógica de colapso— comenzó, por fin, a moverse. La captura de Nicolás Maduro tras una operación estadounidense y la subsecuente reconfiguración del poder inauguraron una fase inédita: una transición imperfecta, ambigua, pero profundamente significativa.  Desde entonces, Venezuela ha empezado a emitir señales —todavía incipientes, pero inequívocas— de apertura económica, realineamiento geopolítico y reconstrucción institucional. I. Los hechos: cuando la economía empieza a hablar En menos de cien días, el país ha avanzado en tres frentes críticos: •Apertura energética estructural: reforma de la Ley de Hidrocarburos para permitir mayor participación privada y extranjera.  •Reactivación de inversiones: actores como Chevron y Repsol incrementan su presencia, con proyecciones de expansión significativa en producción.  •Normalización con Estados Unidos: reapertura de relaciones diplomáticas, flexibilización de sanciones y mecanismos financieros supervisados para canalizar ingresos petroleros.  Este triángulo —capital, legalidad y geopolítica— constituye la base de cualquier proceso serio de reconstrucción nacional. No es retórica. Es estructura. II. La esperanza: un país que vuelve a ser pensable Durante años, Venezuela dejó de ser un “caso invertible” para convertirse en un “caso humanitario”. Hoy, esa narrativa comienza a revertirse. La aprobación de nuevas leyes que permiten arbitraje internacional, concesiones a largo plazo y esquemas contractuales más sofisticados no es un gesto simbólico: es la reintroducción del derecho como infraestructura económica.  Y donde hay derecho —aunque sea imperfecto— vuelve a haber cálculo. Y donde hay cálculo, vuelve a haber inversión. III. El miedo: ¿continuidad del chavismo o mutación del sistema? Aquí emerge la objeción central: “Nada ha cambiado realmente. Es el mismo poder con otro rostro.” El argumento no es trivial. Persisten estructuras autoritarias, presos políticos y déficits institucionales evidentes.  Pero confundir continuidad formal con inmovilidad estructural es un error analítico. La historia económica demuestra que múltiples transiciones exitosas —desde Asia hasta Europa del Este— comenzaron bajo sistemas híbridos, donde la apertura económica precedió a la democratización plena. La pregunta relevante no es si el sistema ha cambiado completamente. La pregunta es: ¿están cambiando los incentivos? Y la respuesta, hoy, es sí. •El Estado necesita inversión. •La inversión exige reglas. •Las reglas generan presión institucional. Ese es el mecanismo real de transformación. IV. La dialéctica: riesgo vs. oportunidad El inversionista sofisticado no elimina el riesgo. Lo estructura. Aquí es donde emerge el verdadero diferencial venezolano: •Contratos con arbitraje internacional robusto •Esquemas de pago y garantías bajo supervisión de entidades vinculadas a EE.UU. •Posibilidad de diseñar cláusulas de estabilización, compensación y salida anticipada Hoy, más que nunca, Venezuela permite algo que históricamente no ofrecía con claridad: ingeniería contractual avanzada para blindar capital en entornos imperfectos. No es ausencia de riesgo. Es riesgo inteligentemente contenido. V. Geopolítica: Venezuela en el tablero energético global En un mundo marcado por la volatilidad en Medio Oriente, la disrupción de cadenas energéticas y la necesidad de diversificación de suministro, Venezuela emerge como una anomalía estratégica: •Reservas masivas subexplotadas •Proximidad geográfica a Estados Unidos •Costos de extracción competitivos en escenarios de precios alto… Seguir leyendo en: energizandoideas.com/2026/04/14/ven…
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Juan Carlos Sosa Azpúrua
Juan Carlos Sosa Azpúrua@jcsosazpurua·
Ayer tuve el inmenso placer y honor de asistir a la inauguración del parque temático “La era del hielo” y solo puedo decirles que quedé boquiabierto con el nivel de excelencia y calidad que se nota en cada detalle. Más que un parque, es una experiencia cultural que permite conocer a fondo una época de nuestro planeta que fue fascinante y que es elocuente del milagro de la Creación. Además de entretenido, los guías son estudiantes que en un futuro serán antropólogos, arqueólogos, paleontólogos, sociólogos e historiadores, lo que permite recibir una cátedra sobre la evolución de dicha era, así como maravillarnos por la riqueza de nuestro propio país, donde se han hallado fósiles sorprendentes. Cada texto fue investigado y redactado por prestigiosos especialistas en la materia. El parque ofrece una variedad amplísima de especies en tamaño real, incluyendo los diversos antepasados homínidos que nos precedieron. La escenografía es brillante y del máximo nivel; uno se siente en el Primer Mundo. Además de la tremenda experiencia que uno tiene como adulto, las instalaciones ofrecen toda clase de diversiones para los niños y los adolescentes, incluyendo realidad virtual, pista de patinaje, trampolines, colchones, y muchas otras ofertas de entretenimiento. Para rematar, el parque tiene una feria de comida y una juguetería, donde tuve la oportunidad de adquirir mi propio dinosaurio. En pocas palabras, a la “Era del hielo” le roncan los motores y perdérsela no es opción. El equipo de @Only_Ticket se anota otro éxito merecido. Aplausos de pie para todos ellos y, en especial, a Hassan Sleiman, @AhmedVenezuela, @Vivsleiman y a la gran “Mamáblanca” (quien con su magia personal hace sentir a cada uno de los empleados como miembros de una familia que los valora y aprecia).
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Vivian Sleiman
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Felices pascuas🤍🤍
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DON OMAR aka KONG
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🇻🇪 Venezuela, Campeones del MUNDO. Lo que hicieron hoy va más allá de un campeonato. Le recordaron al mundo de qué está hecho su pueblo. Hoy me uno a su celebración porque sé lo que vale una victoria así. Sé lo que significa cargar con la esperanza de un país entero. Felicidades a su selección por una hazaña histórica. 
 Mi respeto, mi admiración y mi abrazo para un país que nunca ha dejado de creer 🇻🇪 Con cariño, su hermano, William Omar Landrón Rivera
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Vivian Sleiman
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Acabo de terminar de leer "La Libertad individual y Don Quijote de la Mancha" de @jcsosazpurua me atrevo a decir que es el primer y único libro en Venezuela con esta calidad intelectual. La transformación del autor conlleva a la autotransformación del lector. TAPS
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"Si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte mucho antes." JCSA TA PRS❤️❤️
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El amor es para valientes.VS
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"Si quieres ser diferente prepárate para ser criticado." VS
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Juan Carlos Sosa Azpúrua
Juan Carlos Sosa Azpúrua@jcsosazpurua·
Hoy probé la mejor hamburguesa que me he comido en la vida en el mejor parque temático de Venezuela: “Holliday Park”, creado y dirigido por los talentosos hermanos Sleiman. Un placer inolvidable ver tanto talento concentrado en un concepto que mezcla de manera brillante la cultura y la educación con el entretenimiento. Si no han ido, les recomiendo que lo hagan. Es una experiencia extraordinaria.🔥 #hollidaypark #mejorhamburguesa #talentovenezolano #hermanossleiman
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Vivian Sleiman
Vivian Sleiman@Vivsleiman·
"Ver sus ojos es ir al cielo sin morir. El alma nunca se equivoca". VS
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Vivian Sleiman
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..."Los despechados de Oslo". Sin desperdicio. Excelente árticulo!
Juan Carlos Sosa Azpúrua@jcsosazpurua

Venezuela: legitimidad, excepción y reconstrucción del Estado El debate sobre Venezuela suele quedar atrapado en una confusión persistente entre legalidad formal, legitimidad política y procedimiento democrático. En Estados funcionales, esa identificación resulta razonable. En un país sometido a un colapso institucional prolongado, como Venezuela, no solo es errónea: es insostenible en lo conceptual La estrategia impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump para Venezuela debe leerse desde esa excepcionalidad. No estamos ante un proyecto de alternancia política ni ante una transición convencional, sino frente a un proceso de reconstrucción estatal bajo condiciones de excepción. Su lógica no es electoral; es fundacional. La excelencia operativa como prueba de método La operación del tres de enero —por su alcance, coordinación y resultado— es un indicador central: no de épica, sino de capacidad estatal aplicada. Informes oficiales y análisis independientes coinciden en que se trató de una acción conjunta, planificada, con fases de inteligencia y ejecución táctica que culminaron en la captura de Nicolás Maduro. Esa excelencia operativa importa por una razón política concreta: demuestra que existe un plan, que el plan es ejecutable, y que la ejecución no depende de improvisaciones ni de retórica. La precisión —en términos en esencia estratégicos— es un activo de gobernanza: cuando un Estado es disuelto por mafias, lo primero que debe reaparecer es la capacidad de imponer orden con método. Excepción y legitimidad: del origen al propósito Desde hace veintiséis años, Venezuela carece de instituciones en sentido pleno. El Estado de derecho fue sustituido por un entramado criminal que conservó formas jurídicas mientras vaciaba su contenido. En este contexto, seguir apelando al purismo procedimental como fuente de legitimidad equivale a confundir apariencia normativa con orden jurídico real. Como advertía Hans Kelsen, la validez formal de una norma no agota la cuestión de su eficacia, ni de su inserción en un sistema que produzca obediencia legítima. Es aquí donde entra la noción de estado de excepción: no como licencia caprichosa, sino como respuesta a una anormalidad radical. Carl Schmitt lo formuló de manera incómoda pero descriptiva: «soberano es quien decide sobre la excepción». El drama venezolano ha sido, durante décadas, una excepción sin decisión ordenadora: ni derecho, ni política, ni soberanía efectiva, sino mera dominación. La estrategia de Trump introduce una decisión estructurante y, sobre todo, una capacidad de ejecución —probada en el tres de enero— que no existía.  No pretende “legitimar” en lo moral al poder venezolano existente: pretende subordinarlo en su funcionalidad a un plan de reconstrucción. La legitimidad de las normas no tiene por qué depender de la legitimidad del poder interno del que emanan, cuando ese poder opera bajo una tutela estratégica orientada a restaurar el Estado. En situaciones excepcionales, la legitimidad se desplaza del origen al fin. Una norma es legítima no por quién la firma, sino por qué destruye y qué hace posible. Por eso, en el caso venezolano, las leyes y decisiones que estén autorizadas, avaladas o integradas en el plan de Trump y su equipo sí son legítimas, aunque el poder formal venezolano del que emanen no lo sea. La fuente de legitimación no es el cascarón institucional local —viciado y criminalizado—, sino la sintonía verificable con un proyecto de desmantelamiento del sistema criminal y reconstrucción institucional. El criterio es material: orden, seguridad, economía, justicia, y preparación de condiciones reales para una democracia futura. Hannah Arendt ayuda a cerrar el círculo: el poder auténtico no se confunde con violencia desnuda; surge cuando un orden logra arraigar y producir obediencia que ya no depende en exclusiva del miedo. Dicho de otro modo: la legitimidad aparece cuando la reconstrucción deja de ser mera coerción y se convierte en vida civil posible. La reconstrucción de posguerra como precedente Esta lógica no es novedosa ni ajena a la tradición occidental. Tras la Segunda Guerra Mundial, los procesos de reconstrucción de Alemania, Japón e Italia no se fundaron en una soberanía interna plena ni en autoridades legitimadas en democracia desde el inicio. Por el contrario, se apoyaron en autoridades tutelares externas que impusieron marcos normativos transitorios, reorganizaron instituciones, depuraron aparatos judiciales y militares, y reactivaron economías devastadas. En Alemania, las primeras normas fundamentales del orden de posguerra no emanaron de un poder alemán legítimo en sentido estricto, sino de una autoridad aliada que condicionó, dirigió y supervisó la reconstrucción institucional. La legitimidad de ese proceso no fue previa: fue consecuencia de su éxito. Lo mismo ocurrió en Japón, donde la reorganización constitucional y administrativa se produjo bajo una tutela externa que nadie habría calificado entonces de “ilegítima” por no surgir de una soberanía intacta. Italia siguió un camino similar. En todos estos casos, la legitimidad no residió en el origen formal de las normas, sino en su capacidad para producir orden, estabilidad, prosperidad y, al final, democracia real. Primero se reconstruyó el Estado; después vino la política normal. Por qué Trump y su equipo sí tienen legitimidad para dirigir los cambios En esta arquitectura, la legitimidad de Trump y su equipo para conducir el proceso deriva de tres elementos concatenados: Capacidad real de decisión y ejecución: demostrada en la operación del tres de enero: hay plan, hay mando, hay despliegue, hay resultados. Finalidad reconstructiva: no se trata de administrar el colapso, sino de revertirlo mediante fases que restituyan condiciones mínimas de vida política (censo, registro, identificación, depuración judicial y electoral, control territorial, seguridad fronteriza y reactivación económica). Vacío de legitimidad sustantiva interna: tras décadas de simulación y coacción, el formalismo local no puede producir legitimidad por sí mismo. En esa anomalía, la dirección efectiva recae —y es inevitable— en el único actor con poder suficiente para imponer un marco transitorio de reconstrucción. Por eso es necesario frenar a los “despechados de Oslo con su club pro botín de zamuros desorbitados”: su demanda de elecciones inmediatas, sin condiciones, no es democracia; es reproducción de la farsa. Y a ese coro se suman no solo ciertos círculos europeos formalistas, sino también sectores de la izquierda latinoamericana y el Partido Demócrata en Estados Unidos, para quienes el éxito del plan sería intolerable en lo político: preferirían ver a Venezuela en un pozo de estiércol antes de permitir que el plan de Trump tenga éxito. En situaciones de excepción prolongada, la legitimidad no se hereda ni se declama: se construye. Y hoy, en Venezuela, esa construcción depende del método, la capacidad y la secuencia —ya demostradas— del presidente estadounidense Donald Trump y su equipo. Negarlo en nombre de una democracia abstracta no eleva la moral del argumento: prolonga el colapso. ----------------------------------- energizandoideas.com/2026/02/09/ven…

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