Javier de la Cuadra@JavierDlacuadra
Son las siete de la mañana, estoy en el centro y solo vi un Juan Valdez abierto. Como estoy en ayunas pedí un tinto y un pan con huevo. "Un AMERICANO y un Briochet de huevo. Son $20.800"- dice la sofisticada cajera. Yo: "¿pero cuánto cuesta un tinto?"- "El AMERICANO señor, tiene un precio de $10.500". ¡¿DIEZ MIL QUINIENTOS UN TINTO?! "Ni que estuviera en el aeropuerto, o en Cine Colombia" Le replico en mi tono barrial de la Cuadra tratando de llevar algún tipo de conversación, buscando el ser de carne y hueso que hay en ella jaja. "Caballero, ¿desea agregar algo más a su pedido?"... Nada, qué voy a agregar, acabo de pagar lo que vale un corrientazo en un buen restaurante, por un tinto y un pan con huevo "briochet". Me siento con mi apreciado café y quedo viendo hacia la calle por la ventana. Mientras me tomo el primer sorbo veo a la señora de los tintos pasar por el frente con su carrito repleto de termos de tinto, unos con panela, otros con azúcar, otros con panela y canela. Y la vitrina del carrito tintero a reventar de pan caliente y sandwiches caseritos recién preparados. Y yo acá tomando AMERICANO de 10.000, solo como un idiota, interlocutando con una cajera que tiene prohibido mantener una conversación fluida con el cliente, más allá de ¿desea ordenar algo más caballero? En vez de estar afuera echando rulo con la señora de los tintos, aportando a su economía familiar; porque seguro es madre soltera, echando chismes de la Cuadra. Hablando de política, de cualquier cosa. Porque echar rulo callejero es mi pasión. Claro, no es el supercafé pues de origen, con esencias frutales, pero es el tinto de la señora de los tintos que sabe a hogar, a familia, a barrio. Es que yo he aprendido que las cosas le saben a uno a lo que las emociones le aportan (Ratatouille). Y yo siempre voy a relacionar el tinto con mi abuela. Por eso preparo el tinto de la mañana en colador de tela, trato de agarrar la olla hirviendo con la mano y le pongo azúcar solo a ese tinto mañanero. Porque así logro, cada mañana viajar en el tiempo y estar ahí con unos 8 años en la cocina rústica de mi abuela esperando a que me diera tinto con pan caliente en ayunas. Sigo acá solo en un Juan Valdez preso en la Matrix, en un no lugar cualquiera mientras dentro de mí una voz me dice: tinto mata americano.