
Lo vimos en Bilbao y lo diremos claro: la etapa 11 de La Vuelta no la ganó ningún ciclista. La ganó Palestina. Miles de personas lograron que no hubiera meta ni fotos de celebración. La razón: el equipo Israel–Premier Tech, financiado por un Estado genocida. El director técnico de la carrera lo admitió: “la única solución es que Israel no siga compitiendo”. Pero el equipo insiste en pedalear sobre cadáveres, con la complicidad de la UCI, que veta a Rusia pero aplaude a Israel. Neutralidad política, dicen. Hipocresía selectiva, en realidad. La protesta ya se subió al podio. Y demostró que funciona. Que arda cada evento, que tiemble cada estadio. No al sportswashing. No al genocidio. Si quieres que medios independientes sigamos denunciando estas hipocresías y amplificando la voz de quienes protestan, necesitamos tu apoyo. Aquí puedes colaborar: donorbox.org/aliadas




























