MissesConMises@MissesConMises
Lo que más nos irrita del famoso “Gemelo Digital Social” no es ni siquiera el tema de la vigilancia estatal o la acumulación de datos. Ya nos hemos expresado antes sobre el estado vigilante, y no sólo en Argentina. Eso ya es suficiente para estar atemorizado.
Lo que nos supera es otra cosa: que un gobierno que se presenta como liberal termine comprando una de las ideas centrales que Hayek criticó durante décadas y ella es la famosa "pretensión del conocimiento".
Hayek decía algo bastante simple, que ningún funcionario, ningún ministerio, ningún grupo de expertos sentado en una oficina puede saber mejor que millones de personas cuáles son sus necesidades, sus proyectos, sus problemas o sus preferencias (los llamó "los fatales arrogantes").
La información real de una sociedad está dispersa. La tiene el comerciante de barrio, el taxista, la pyme, la familia que llega y la que no, a fin de mes, el profesional independiente, las multi, etc. Está repartida entre millones de personas y cambia todo el tiempo.
Justamente por eso fracasan una y otra vez los intentos de organizar la sociedad desde arriba.
Y sin embargo, cuando uno escucha cómo se presenta este proyecto, parece exactamente eso, la idea de integrar datos públicos y privados, proyectar escenarios, anticipar comportamientos, detectar problemas antes de que aparezcan y "diseñar mejores políticas públicas" (Ferguson se revuelve en su tumba). En los 60s eso era el Politburó, el de ahora tiene algunas pinceladas de "políticas sociales" para marketing sensiblero.
El "gemelo", traducido, es un grupo de funcionarios, técnicos y algoritmos tratando de construir una versión digital de la sociedad para entender mejor que la propia sociedad sobre cómo funciona.
Perdón amigos liberales silenciosos, pero eso no suena muy liberal. Suena bastante más a tecnocracia en esteroides.
Ninguna tecnología puede resolver el hecho de que el conocimiento relevante sigue estando en la cabeza de millones de individuos, tomando decisiones todos los días en función de circunstancias que ningún modelo puede capturar. No importa cuántos datos tengas, no podés modelar la información que se genera espontáneamente todos los días.
Y justamente por eso resulta tan raro ver a tantos liberales aplaudiendo esto.
Porque si otro gobierno hubiera anunciado una herramienta para cruzar datos masivamente, perfilar ciudadanos, anticipar comportamientos y diseñar políticas sobre esa base, estaríamos hablando de Orwell desde el primer minuto. Y con toda la razón. Igual es preocupante, aunque ahora se haga con inteligencia artificial, dashboards modernos y palabras en inglés para dismiluar la idea de control.
Pero además hay algo más profundo. No se trata solamente del riesgo de vigilancia, se trata de una contradicción conceptual.
Porque el liberalismo nunca consistió únicamente en bajar impuestos, abrir importaciones o desregular algunos mercados.
También implica en reconocer algo mucho más importante, que el Estado tiene límites. Límites de poder, pero también límites de conocimiento, por más computadora cuántica que eventualmente ponga a procesar datos.
Cuando un gobierno empieza a creer que puede modelar digitalmente a toda una sociedad para anticipar mejor que ella misma lo que necesita, empieza a caminar exactamente en la dirección opuesta a esa tradición de gobierno limitado.
Por eso, como ya dijimos, el problema del Gemelo Digital Social no es solamente tecnológico, es filosófico.
Y además, profundamente antiliberal.