Lo que yo haga con mi vida privada, con mi orientación sexual y mi tiempo libre, no debiera ser tema de conversación pública. Que intenten atacarme con eso para no discutir mis ideas, demuestra que les estoy tocando los kioskos y tienen miedo. Así que saben qué? No voy a parar.
Los empleaditos de LLA -trolls y cuentas truchas- están desesperados por ver los libros de mi biblioteca consumidos por las llamas. Pero, ¿saben qué? Me contagié de Milei que un día dice una cosa y al siguiente dice lo contrario; o un día designa a un ministro y al siguiente lo cambia - en realidad, se lo cambian por otro. Yo decidí entonces donar mis libros a la biblioteca *Utopía* del Centro Cultural de la Cooperación, porque son armas de lucha que no hay que dejar que el óxido las inutilice. En cuanto a mis críticos: entré a sus cuentas y salvo uno que tiene unos cien seguidores todos los demás tienen entre tres y ocho seguidores. O sea, *no existen*. Por mí que sigan hablando ...Los entiendo: Para eso les pagan.