Amicci99
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@amicci99
No agarres lluita, pero seguix lluitant. Soc del Valéncia en valencià de les Normes del Puig. AMUNT







x.com/enricross1964/… Creo que ha llegado el momento de posicionarse e identificar a ciudadanos, medios de comunicación, tertulianos, políticos.... ¿Tú qué eres: abeja o mosca? Para el 97 % de la población existe una metáfora brutal —y cada vez más pertinente— para explicar el núcleo del problema de nuestro tiempo: ¿Cómo puede una abeja convencer a las moscas de que la miel es mejor que la mierda? La imagen es desagradable, sí. Pero no se me ocurre otra forma de expresarlo. Porque estoy muy cansado que los moscones quieran hacernos creer que la miel sabe a mierda y es al revés, por mucho que insistan en ello con todo su poder de propaganda. Durante décadas, Europa defendió un modelo socialdemócrata que en Estados Unidos siempre se miró con desconfianza, cuando no con desprecio, su propio sistema quedaba retratado. Sobre todo en las economías del centro y norte, funcionó razonablemente bien: sanidad universal, educación pública de calidad, protección laboral, redes de seguridad para quienes se quedaban atrás. En teoría, los pilares de una sociedad próspera y cohesionada. En la práctica, cada vez más ciudadanos parecen fascinados por quienes prometen dinamitar exactamente esos pilares. No es que la gente sea estúpida. Es que las moscas no están diseñadas para la miel. El populismo de derechas —que Donald Trump ha amplificado a escala global y quiere implementar en todo el occidente— entendió algo esencial: no gana quien ofrece el mejor producto, sino quien ofrece el más apetecible para su público. Y resulta que la indignación vende mejor que la prudencia. El resentimiento moviliza más que la solidaridad. La promesa de castigar al enemigo —el inmigrante, el progresista, el feminismo o incluso la idea de conservar el planeta— genera más entusiasmo que un plan serio de pensiones sostenibles. Mientras la socialdemocracia propone políticas complejas, llenas de matices, compromisos y tiempos largos, sus adversarios venden soluciones simples a problemas complejos: “Echamos a los inmigrantes y sobra trabajo.” “Bajamos impuestos y la economía despega.” “Europa asfixia la prosperidad con impuestos y regulación.” “Las pensiones no son sostenibles.” “Salimos de la Unión Europea y recuperamos la soberanía.” “La motosierra es el camino al progreso.” " El estado es el enemigo" Son exageraciones. Muchas veces, mentiras. Pero mentiras deliciosas. La socialdemocracia nació en un mundo de fábricas, sindicatos y barrios compartidos. Había experiencias comunes, conflictos claros y una lucha colectiva por conquistar derechos. Hoy el trabajo está fragmentado, los sindicatos son residuales en muchos países y la identidad política se construye más en redes sociales que en centros de trabajo. Es difícil construir solidaridad cuando cada uno vive encerrado en su algoritmo. Además, la socialdemocracia cometió errores graves. En los noventa abrazó la agenda neoliberal, recortó protecciones laborales, liberalizó mercados… y luego se sorprendió cuando sus votantes se marcharon con quienes les ofrecían certezas, aunque fueran falsas. Entonces, ¿Qué hace la abeja? ¿Se rinde y acepta que las moscas nunca cambiarán de dieta? ¿Se convierte ella misma en mosca y empieza a revolotear sobre el estiércol? ¿Las moscas prefieren la mierda y desprecian a las abejas? ¿Al menos que quede claro quien es abeja y quien es mosca? Quizá la respuesta sea dejar de obsesionarse con convencer a las moscas y empezar a recordarles a las abejas que la miel sigue siendo miel. Que los sistemas públicos funcionan cuando se financian bien. Que la solidaridad no es ingenuidad, sino inteligencia colectiva. Que una sociedad cohesionada es más próspera, más segura y más libre que una fragmentada en tribus enfrentadas. Esta batalla no se gana con informes técnicos de doscientas páginas. Se gana con emociones, relatos y ejemplos reales de lo que funciona… y de lo que no. Ahí están los modelos: el de Estados Unidos, el de China, o la posibilidad —cada vez más frágil— de un modelo europeo propio, intermedio y social. Mostrando que la sanidad pública te salva la vida cuando la necesitas. Que la educación gratuita abre puertas que el dinero no debería poder cerrar. Que unas pensiones dignas marcan la diferencia entre envejecer con tranquilidad o con miedo. Pero, sobre todo, dejando de avergonzarse de lo que se defiende. La miel es objetivamente mejor que la mierda. Y si las moscas no lo entienden, al menos que las abejas no olviden de dónde vienen ni lo que costó conseguir acceso a la miel. Así que te lo pregunto de nuevo, sin eufemismos ni medias tintas: ¿Eres abeja o mosca? Por si alguien aún no ha captado la metáfora, pongamos nombres. Los grandes moscones son los medios que apoyan a Donald Trump y su corte nacional e internacional, Isabel Díaz Ayuso, Santiago Abascal, Alberto Núñez Feijóo, Javier Milei, etc. El denominador común no es que sean brillantes, especialmente preparados, ni mucho menos escrupulosos, sólo hay que oírles hablar y lo que dicen y cómo lo dicen. Así que insisto, ¿Eres abeja o mosca?






La hipocresía del PSOE nos pone en peligro porque Trump sabe que por mucho que digan, no harán nada. ¿Como pueden hablar de rearme moral mientras siguen siendo aliados militares de EEUU y financiando sus guerras con el rearme? Referencia moral es salir de la OTAN.

















