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En los últimos días han llamado la atención dos imágenes.
Primero, el 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝘂𝗺𝗼𝘀 (Gironda, Francia), que permaneció en pie tras el devastador incendio que arrasó la zona.
Después, en el 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼 (Italia), una escultura de Cristo tallada en un olivo muerto por la Xylella sobrevivió al fuego mientras el paisaje a su alrededor quedó reducido a cenizas.
¿Son milagros? La Iglesia siempre ha sido prudente antes de llamar “milagro” a un acontecimiento. Y nosotros también deberíamos serlo.
Pero sí hay algo que estas imágenes nos recuerdan.
El fuego puede consumir bosques, templos o esculturas. Lo que nunca podrá consumir es el mensaje de la Cruz.
Cristo no vino a prometernos una vida sin llamas. Entró Él mismo en el sufrimiento para vencer aquello que parecía tener la última palabra: el pecado y la muerte.
Ver un crucifijo en pie entre las cenizas es, al menos, una poderosa imagen de esa verdad: cuando todo parece perdido, la esperanza cristiana permanece.
Porque, al final, no es la madera la que sostiene a Cristo. Es Cristo quien sigue sosteniendo al mundo.
✝️🙏

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