
Andre Castellano
6.3K posts



🔹️Con cada peldaño que sube, Buscando un sentimiento que no puede sujetar Se descose uno de los hilos que sostienen al corazón Y el sentimiento se va alejando Y la vida sigue su curso Y el cansancio va acariciando a un órgano vital, Que cada vez late menos. Cerop #LYF15







هناك أشياء في الحياة لا تقبل القسمة.. ولا تُمنح مرتين.. كالصدق الذي يسكن العيون.. والثقة التي تمنحنا الثبات.. إنها تشبه تلك المرايا الصافية التي تعكس وجه الحقيقة.. فإذا ما هوت وتشظت، لم تعد تجدي معها محاولات التجميل، ولن يعيد بريقها ألف اعتذار.. ليست كل الفرص جسوراً للعودة، فبعض المسافات تتسع بالخذلان حتى تصبح قارات من الصمت.. وبعض النهايات لا تضج بالوداع، بل تنسحب في هدوء أبدي.. تاركة خلفها قناعة واحدة.. أن ما مات بالداخل.. لا تحييه آلاف المحاولات. #شظايا_الحقيقة






LA “TOLERANCIA AL DESAJUSTE”: CUANDO SOPORTAS MÁS DE LO QUE EN REALIDAD QUIERES VIVIR Hay personas que aguantan situaciones que no les hacen bien… durante demasiado tiempo. No porque no lo vean. Sino porque se han acostumbrado a funcionar con un pequeño malestar constante. Desde una mirada junguiana, esto puede entenderse como tolerancia al desajuste: una adaptación psíquica donde el yo aprende a convivir con lo que no encaja, reduciendo su propio nivel de exigencia interna para no generar conflicto o cambio. El síntoma no es el sufrimiento evidente, sino la permanencia en lo que no termina de ser. Relaciones que no llenan, trabajos que no representan, dinámicas que desgastan… y aun así se sostienen. Integrar este patrón no es romper con todo de forma impulsiva. Es volver a preguntarte con honestidad qué sí te corresponde y qué solo estás soportando por costumbre. Porque el alma no se rompe de golpe… se desgasta lentamente cuando aprende a quedarse donde ya no encaja.


LA “TOLERANCIA AL DESAJUSTE”: CUANDO SOPORTAS MÁS DE LO QUE EN REALIDAD QUIERES VIVIR Hay personas que aguantan situaciones que no les hacen bien… durante demasiado tiempo. No porque no lo vean. Sino porque se han acostumbrado a funcionar con un pequeño malestar constante. Desde una mirada junguiana, esto puede entenderse como tolerancia al desajuste: una adaptación psíquica donde el yo aprende a convivir con lo que no encaja, reduciendo su propio nivel de exigencia interna para no generar conflicto o cambio. El síntoma no es el sufrimiento evidente, sino la permanencia en lo que no termina de ser. Relaciones que no llenan, trabajos que no representan, dinámicas que desgastan… y aun así se sostienen. Integrar este patrón no es romper con todo de forma impulsiva. Es volver a preguntarte con honestidad qué sí te corresponde y qué solo estás soportando por costumbre. Porque el alma no se rompe de golpe… se desgasta lentamente cuando aprende a quedarse donde ya no encaja.



Conversación de @alejodorowsky con @ankorinclan con una gran respuesta "¿el vaso esta medio lleno o medio vacío ?"

Muchas veces creemos que ignorar una emoción la hace desaparecer. Evitamos el dolor, distraemos la tristeza, reprimimos la rabia. Pero lo que no se siente… no se va. Se queda en el inconsciente, influyendo en tus decisiones, tus reacciones y tus relaciones. Esa emoción evitada encuentra otras formas de salir: en impulsos, en ansiedad, en conflictos repetidos. No porque estés fallando, sino porque hay algo en ti que necesita ser reconocido. El alma no grita por capricho… insiste cuando no es escuchada. Sentir no es debilidad, es integración. Cuando te permites atravesar lo que duele, esa energía deja de controlarte. Y entonces descubres que lo que evitabas… era la puerta hacia tu libertad.





No todo lo que dudas es incertidumbre… a veces es intuición disfrazada. El alma no siempre habla con seguridad, pero sí con una sensación persistente. Hoy, escucha eso que no sabes explicar.



La envidia es una de las emociones más negadas, más ocultas bajo máscaras de indiferencia, crítica o superioridad moral. Y sin embargo, allí donde aparece la envidia, hay un fragmento del alma que señala una posibilidad no vivida. Este decimonoveno acto de individuación consiste en admitir la envidia sin disfrazarla ni moralizarla. No decir: “eso es superficial” o “yo no lo quiero realmente”, cuando en lo profundo algo sí lo desea. Tampoco convertirla en ataque hacia el otro. Sino detenerse y reconocer con crudeza y sin juicio: “Esto que veo en el otro despierta algo en mí.” La envidia, cuando se reprime, se vuelve veneno. Pero cuando se reconoce conscientemente, se transforma en orientación. Indica un potencial no integrado, una dirección de desarrollo, una cualidad que el yo aún no se ha permitido encarnar. Tal vez envidias la libertad de alguien porque tú has vivido en exceso de control. Tal vez envidias su expresión porque has reprimido tu voz. Tal vez envidias su camino porque aún no has asumido el tuyo. En este sentido, la envidia no es un pecado del alma, sino un símbolo mal comprendido. Pero cuidado: este acto exige una gran integridad. Es fácil reconocer la envidia y luego justificarla o proyectarla. Lo difícil —y transformador— es sostenerla en la conciencia, sin actuarla ni negarla, hasta que revele su contenido oculto. Entonces, lo que era sombra se convierte en brújula. Y el otro deja de ser un rival… para convertirse en un espejo.


