
🌹♥️Anmar❤️🌹
4.5K posts





Lo siento pero ya no puedo con @NoticiasCaracol y con @BluRadioCo por Camila Zuluaga! Están llenos de Petristas en ese canal!





Según la petrista de @BluRadioCo Ana Cristina Restrepo, si eres hombre blanco, eres pedofilo, y proteges los archivos de Epstein Vaya coma mierda. Racista 😡😡🤬🤬🤬




Medellín tiene que superar el narco-cliché. “Me recordó a los 80 cuando coronaban los mafiosos”, dijo irresponsablemente una periodista en Blu Radio sobre la celebración en Medellín tras el triunfo de Abelardo de la Espriella. No hablaba de una denuncia, de una investigación ni de una relación entre la campaña y el narcotráfico. Hablaba de gente celebrando “la fiesta de la democracia” con pitos, vuvuzelas y pólvora. Que a la periodista no le guste la pólvora es perfectamente válido. A mí tampoco me gusta. Hace ruido, asusta a los animales, contamina, es peligrosa y las alboradas son una costumbre que Medellín debería dejar atrás. Creo que muchos paisas estarían de acuerdo con varias de esas críticas. Pero una cosa es cuestionar la pólvora y otra muy distinta convertir una celebración electoral en una evocación de mafiosos. ¿Cuál es el vínculo? ¿Qué elementos permitían insinuar que Medellín celebraba como cuando un narco coronaba un embarque de cocaína? Ninguno. Había ciudadanos celebrando el triunfo de su candidato, con una estética que puede disgustar, pero sin relación alguna con el narcotráfico. Esa asociación dice más de quien la formula que de la ciudad. Es el viejo reflejo de mirar a Medellín y sacar el mismo libreto de siempre. Hay ruido, entonces narcos. Hay pólvora, entonces Pablo Escobar. Hay una multitud celebrando, entonces los Ochoa. Como si esta ciudad estuviera condenada a ser interpretada eternamente desde su peor trauma. Medellín no niega lo que vivió. Nadie olvida los años de terror, las bombas, los asesinatos, así como las empresas y las familias destruidas por el narcotráfico. Precisamente por eso es tan irritante que se use esa memoria dolorosa como una metáfora fácil y perezosa para criticar una noche de celebración política. Además, el daño no termina en una frase de radio. Esa asociación se replica en redes, titulares, búsquedas y conversaciones. Se vuelve parte del archivo digital con el que el resto del mundo mira a Medellín. Un turista, un empresario o un estudiante que busca información sobre la ciudad vuelve a encontrarse con el mismo estigma de siempre: Medellín igual narcos. Y así, por una comparación perezosa e irresponsable, se borra todo lo demás: la ciudad que ha resistido, trabajado y cambiado. La ciudad de empresas, universidades, cultura, innovación y millones de ciudadanos que no aceptan ser comparados con Pablo Escobar. Que critiquen la pólvora. Perfecto. Que critiquen a Abelardo de la Espriella. Perfecto. Que critiquen a Medellín. Perfecto. Pero que piensen un poquito y dejen de usar el narco-cliché como atajo retórico para hablar mal de esta ciudad. Nuestros hijos no tienen ni idea quién fue Pablo Escobar y no merecen cargar con ese estigma por el resto de sus vidas solo por haber nacido en Medellín.










