Bruno Bimbi@bbimbi
Respuesta:
La palabra ‘antisemita’ fue acuñada en el siglo XIX, en Alemania, por un periodista llamado Wilhelm Marr -él mismo antisemita- para referirse a su odio contra los judíos de una manera que le pareció más “científica” que ‘Judenhass’, la palabra usada hasta entonces.
La etimología del término es de origen bíblico (de Sem, uno de los hijos de Noé), pero su significado se relaciona únicamente con los judíos. Empezó a ser utilizado por los propios antisemitas de aquella época, para referirse a ellos mismos como algo positivo. Marr fue el fundador de la “Liga antisemita”.
Por otro lado, es inexacto decir que los palestinos (o incluso los judíos) sean “semitas”. Son árabes (como los egipcios, los saudíes o los jordanos) cuya identidad nacional es palestina. Lo que es semítico, en todo caso, es el árabe, al igual que el hebreo. Ambas lenguas pertenecen a esa “familia” lingüística, junto con el arameo, el asirio, el etíope, etc., del mismo modo que el portugués, el español y el italiano pertenecen a la familia de lenguas románicas, lo que no significa que los portugueses, los españoles y los italianos sean “románicos”. Las lenguas semíticas tienen una serie de características comunes que los lingüistas estudiamos, y provienen de un origen común.
La confusión se debe al hecho de que los israelíes hablan hebreo y los palestinos, árabe. Sin embargo, en la época en que el término “antisemita” comenzó a usarse para referirse al odio contra los judíos (y no contra los hablantes de lenguas semíticas en general), el hebreo existía como lengua litúrgica judía, como el latín para los católicos, pero no como lengua lengua viva, salvo en algunos casos y situaciones especiales. El hebreo se modernizó para convertirse en el idioma oficial del Estado de Israel en el siglo XX, pero cuando Marr acuñó el término ‘antisemita’, los judíos a los que los antisemitas europeos odiaban no tenían el hebreo como lengua materna y muchos tampoco lo hablaban.
De hecho, hoy en día, el hebreo tampoco es la lengua materna de todos los judíos, sino sólo de los israelíes. Los judíos argentinos hablan castellano, los norteamericanos hablan inglés, y los brasileños, portugués.
Durante el Holocausto nazi, que fue, sin duda, la manifestación de antisemitismo más atroz de la historia de la humanidad, los judíos que fueron enviados a campos de concentración no tenían como lengua materna el hebreo, sino las lenguas europeas de sus países de origen, como por ejemplo el propio alemán, lengua de la familia germánica.
¿Y entonces por qué usar la palabra “antisemita”, si el odio a los judíos no tiene nada que ver con el idioma, y si el antisemitismo no se extiende a los hablantes de árabe, también una lengua semítica? Es simple: la etimología de las palabras no determina su significado ni sus usos. Por eso nadie recibe su salario en sal y, cuando trabajamos, no nos torturan con un tripaliu.