
Ana Teresa Fabbri
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Fragmento extraído de la investigación de Jérémy Rubenstein «Terror y seducción. Genealogía colonial y expansión de la contrainsurgencia francesa en el mundo» (pp. 188-189), publicado recientemente por la editorial Tinta Limón: «Un esquema con un fundamento esencialmente racista. Así, según Argoud (uno de los oficiales torturadores más conocidos de la guerra de Argelia, con la particularidad de que nunca pretendió disimular sus crímenes), el "pueblo musulmán" reclamaría una "justicia severa, inmediata, ejemplar". Es precisamente el argumento que había regido la instauración del "monstruo jurídico" que fue el derecho colonial francés. Este sistema subvertía los principios del derecho metropolitano mediante procedimientos expeditivos que justificaban la supuesta inferioridad cognitiva de los "autóctonos", que no tendrían la capacidad de entender el interés de los procedimientos garantes de la justicia occidental, lo que explicaba plácidamente Jules Ferry a comienzos de la expansión colonial: "El régimen representativo, la separación de poderes, la Declaración de los Derechos Humanos y las Constituciones son fórmulas vacías de sentido en aquellos lugares. Allí se desprecia al amo que permite que le discutan". Para un autóctono, el crimen era inmediatamente seguido de una sanción, sin la cual no estaría en condiciones de comprender la acción de la justicia. En esta tradición se inscribe la concepción de la "justicia" del coronel Argoud, columna vertebral de su acción psicológica sobre la población que busca restablecer la confianza en la autoridad francesa. Dicho de otro modo, el terror —presentado como procedente de una autoridad justa y comprensiva— sería el medio para obtener la adhesión de la población.»









El peronismo tiene que dejar de ser el cuco para la sociedad. Hay compañeros que no entienden que, ni para Santo Tomás de Aquino, ni para el mejor legado del peronismo la política consiste en incendiar el edificio para construir otro sobre sus ruinas. El peronismo recupera las mejores enseñanzas de la doctrina social de la iglesia en orden a la prudencia y la mejora del individuo de a pie y la comunidad organizada. Tenemos la obligación de recuperar un camino serio y cierto en beneficio de la vida del pueblo.



