Adolfo Castañón retweetledi

En 1907, Kikunae Ikeda probó un plato de tofu hervido en caldo de algas y se preguntó por qué era tan rico. Esa curiosidad terminó haciendo posible cada chip de Inteligencia Artificial del planeta.
Él era un profesor de química japonés y notó un sabor profundo que no encajaba en ninguna categoría conocida: no era salado, ni dulce, ni amargo, ni ácido. Se obsesionó tanto que lo analizó hasta aislar un aminoácido llamado ácido glutámico. Lo bautizó "umami" —el quinto sabor básico— y al año siguiente cofundó Ajinomoto para venderlo como condimento.
Así nació el famoso glutamato monosódico que hoy encontrás en papas fritas, comida china, fideos instantáneos y miles de productos.
En los años 70, los investigadores de Ajinomoto empezaron a explorar qué más podían hacer con la química detrás del umami. De esta forma descubrieron que algunos subproductos y compuestos derivados de la fabricación del glutamato tenían propiedades increíbles como aislantes eléctricos.
Tiempo después, en los años 90, la industria de semiconductores enfrentó un problema: los procesadores se estaban achicando a una velocidad brutal y necesitaban desesperadamente un material aislante mejor. Ahí fue cuando desarrollaron una película aislante revolucionaria: el ABF.
Intel, el mayor fabricante de procesadores del mundo en aquel momento, la adoptó. Desde entonces, nadie logró desplazarla.
Hoy, Ajinomoto controla más del 95% del mercado global de este material. Cada chip de IA depende de esta película para funcionar.
La próxima vez que veas el anuncio de un chip revolucionario, acordate que todo empezó con un caldo de algas muy sabroso.

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