Espero que algún día alguien me ame tanto, pero tanto, que le de pánico hacerme derramar una lagrima, y que le asuste la idea de pensar en hacerme mal y lastimarme.
“Lo manejaste muy bien”. No, no lo hice. Enloquecí, perdí mi chispa, lloré en silencio; me rompí a solas y llevé una sonrisa que mentía mejor que cualquier máscara. No lo manejé, lo sobreviví, porque no tenía otra opción.