Ross@enricross1964
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Casualmente este viernes la Audiencia Provincial de A Coruña ha emitido la sentencia firme que regala una inmaculada absolución al exjefe de seguridad de Adif.
De este modo, el maquinista queda como el único villano oficial en la tragedia de la curva de Angrois, ese terrible accidente de 2013 que se cobró 80 vidas y mas de 140 heridos.
Este fallo revoca la condena previa del directivo, amparándose en la coartada burocrática de que no existen pruebas de que omitiera una acción "obligatoria" concreta, ni la certeza divina de que una evaluación de riesgos competente hubiera evitado la catástrofe.
Sin embargo, el tribunal no ha cantado al unísono. La magistrada Marta Canales, en un voto particular muy duro, señaló la obviedad que otros ignoran: existía una "clara responsabilidad" del directivo por su negligencia al evaluar los riesgos, trasladando todo el peligro al maquinista en una curva que era, a todas luces, una trampa mortal.
A la vergüenza del fallo se suma la parsimonia judicial: han hecho falta 12 años para llegar a esta conclusión.
Y no olvidemos el nudo gordiano del asunto: el sistema de seguridad ERTMS —ese ángel de la guarda tecnológico que frena el tren automáticamente— llevaba 13 meses desconectado antes del accidente.
¿La razón?
El software de los Alvia S-730 se llevaba mal con ciertas balizas, provocando frenazos molestos y, horror de los horrores, retrasos comerciales.
Ante tal inconveniente, Renfe solicitó apagar el cerebro del tren y Andrés Cortabitarte (Adif) autorizó alegremente que circularan "a ciegas" del ERTMS, confiando la vida de los pasajeros exclusivamente al sistema ASFA y a la infalibilidad humana, todo mientras esperaban que Bombardier arreglase el código.
Durante más de un año, se priorizó la puntualidad sobre la supervivencia, eliminando la red de seguridad que habría corregido el despiste del conductor.
Cualquiera con un mínimo de actividad cerebral entiende la gravedad de estos hechos, excepto, al parecer, la Audiencia Provincial de A Coruña.
12 años para que la justicia obvie que durante 13 meses se retiró la red de seguridad automática que habría corregido un simple despiste humano.
Se priorizó la puntualidad y la operatividad comercial sobre la protección redundante. Y aun así, según la Audiencia, nadie puede afirmar con “certeza” que eso influyera en el resultado que causo 80 fallecidos.
Si la vida de 200 personas depende de que una sola persona no parpadee en el momento equivocado, el problema no es la persona. Es el diseño del sistema.
Esto lo entiende cualquiera con dos dedos de frente. Cualquiera, salvo la Audiencia Provincial de A Coruña.
Quizás la "ceguera" institucional tenga algo que ver con que Ana Pastor (PP) ocupaba la cartera de Fomento entre 2012 y 2013, fechas clave de la desconexión y del siniestro.
Al fin y al cabo, en este país, cuando ocurren accidentes bajo el mandato de la gaviota, la justicia tiende a escribir renglones sospechosamente torcidos siempre a su favor.
Pero tranquilos: no hay certezas. Solo 80 muertos y un único culpable, el maquinista.
Nada nuevo en este país, da igual lo que diga la justicia, en la curva de Angrois, durante 13 meses la tecnología no estaba, la quitaron porque producía retrasos.