Beatriz Mendoza Cortissoz retweetledi

Durante décadas, ‘Cada vez que pienso en ti’, conocida popularmente como ‘Me cago en el año viejo, Me cago en el año nuevo’, circuló de forma casi subterránea, limitada a discos físicos, cintas y recuerdos generacionales. Sin embargo, en los últimos años ha experimentado un notable resurgimiento gracias a varios factores, como la digitalización del catálogo de Álvarez Guedes, su disponibilidad en plataformas de streaming y, sobre todo, la viralización de fragmentos en redes sociales y videos cortos, que la han convertido en un himno humorístico recurrente de Navidad y Año Nuevo para nuevas generaciones.
Esta pieza de humor musical, escrita e interpretada por el comediante cubano Guillermo Álvarez Guedes, fundador del legendario sello Gema Records, compañía que produjo los primeros discos de El Gran Combo y de muchos otros artistas, fue arreglada por su compatriota Jesús Caunedo, considerado uno de los músicos de estudio cubanos más solicitados de finales de los años cincuenta. La grabación contó con el acompañamiento de la orquesta de Caunedo y fue incluida en el álbum ‘Álvarez Guedes 6’, publicado a finales de 1977. En su momento, el tema formó parte del vasto catálogo de discos cómicos que Guedes grabó durante los años setenta, una etapa en la que su humor irreverente ya era ampliamente consumido en la diáspora cubana y en buena parte de América Latina.
Pero ¿Por qué es tan popular? La pieza se apoya en una estructura engañosamente tradicional, inicia como un bolero nostálgico, muy acorde con el espíritu de las fechas decembrinas, pero pronto quiebra el molde con un coro grosero y burlón, a ritmo de guaracha, que ironiza sobre el cierre del año y las emociones que lo acompañan. Ese contraste, entre una musicalización bien cuidada y una letra descarada, explica por qué el tema trasciende el simple chiste hablado y se instala en la memoria colectiva como una canción plenamente funcional.
Así, una grabación cómica de finales de los años setenta ha encontrado una segunda vida en pleno siglo XXI, confirmando que el humor, cuando está bien construido y musicalizado, puede sobrevivir al tiempo y reaparecer con fuerza en contextos culturales distintos.
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