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Cami Suárez
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JAULAS MENTALES
En este discurso, la hermosa Anne Hathaway parte de una idea buena, a la que creo todos adherimos: ponderar la importancia del cuidado. Y tal cual como lo dice, reconocer que es de una importancia fundamental para el funcionamiento de la economía y la sociedad. Aplaudo esa definición.
¿Qué sería de nosotros si no cuidáramos a nuestras familias o a aquellos que nos necesitan?
Pero inmediatamente Hathaway introduce un concepto muy malicioso. Dice: “Debemos abordar los sesgos culturales que automáticamente etiquetan el cuidado como trabajo de las mujeres.”
El vínculo entre las tareas de cuidado y las mujeres, o las hembras mamíferas en toda la naturaleza, no es el resultado de una etiqueta cultural puesta por los hombres, sino el reconocimiento de una conducta estratégica de supervivencia de la naturaleza, fundacional de todas las especies.
Millones de años de evolución hicieron de las mujeres seres especialmente aptos para cuidar. Solo las hembras amamantan: los mamíferos se llaman así porque son los únicos animales capaces de alimentar a sus crías con leche producida por glándulas mamarias. No es una imposición cultural.
Nuestra capacidad para interesarnos y cuidar a otros no significa que no podamos hacer otras tareas, cualquiera que se nos ocurra: desde dirigir ejércitos, construir puentes o ser primera ministra de Japón, o Meloni, o Cayetana. Pero todas estamos diseñadas para cuidar.
Decir que “nos estamos aprovechando de las mujeres” es tan desestabilizador para nuestra convivencia como agitar el odio, porque pretende inducir en millones de niñas, chicas y mujeres un rencor que solo terminará en resentimiento. ¿Quién se aprovecha? ¿Los hombres? ¿Eso dice, sin nombrarlos, Hathaway?
Es pretencioso y divisivo decir: “Debemos dejar de depender de las mujeres para que las cosas funcionen.”
¿Las cosas funcionan por nosotras las mujeres? ¿En serio cree eso? ¿No hay otra mitad del mundo que también está haciendo tareas importantes?
Para calibrar lo irreverente de esta frase, imaginemos la irritación que nos daría que un hombre dijera que se están aprovechando o que el funcionamiento de las cosas depende de ellos.
Los reclamos finales pueden tener razonabilidad. Seguro que debemos seguir trabajando para mejorar la economía del tiempo de las mujeres, porque en determinados períodos de la vida puede tener una complejidad mayor o distinta a la de los hombres.
Este video, su discurso hostil y las directrices ideológicas de ONU Mujeres forman parte de los efectos tóxicos de la llamada “feminización de la cultura”. Un concepto que, como advierte Helen Andrews, “es algo malo y, en algunos casos, tan malo que amenaza la supervivencia misma de la civilización.”
Somos nosotras las que tenemos que luchar contra esta jaula narrativa que quiere convencernos de que se están aprovechando de nosotras cuando hacemos algo que está en lo más íntimo de nuestra especie: cuidar a otros.
La feminización de la cultura
seul.ar/la-feminizacio…
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AHORA HAY QUE ARRANCAR y CRECER SIN PARAR
Hace menos de dos años, la prioridad más urgente para todos los argentinos era detener la inflación.
Después de importantes sacrificios (que continúan), el país alcanzó una estabilidad razonable, con una inflación de 2,1% en septiembre, un número que era impensable hace dos años. Si lo comparamos con la inflación de 211,4% anual que dejó Alberto Fernández, los datos actuales son un gran logro que debemos reconocer.
Pero ahora, alcanzado parcialmente ese primer objetivo tan importante, estamos en otra etapa, igualmente urgente: la gente necesita dejar atrás rápidamente el estancamiento y pasar de la estabilidad al crecimiento.
Para esto, es un requisito básico construir una nueva mayoría, que inevitablemente no estará formada solo por miembros de una misma fuerza, sino también por otros legisladores de todo el país que aportarán su visión.
Con ese objetivo tenemos que plantear metas concretas e inmediatas que permitan orientar los acuerdos. Empecemos por lo más importante: la Ley de Presupuesto. Necesitamos promulgar un presupuesto aprobado por esta nueva mayoría. Comprometidos con mantener rigurosamente el equilibrio fiscal, debemos al mismo tiempo alinear las prioridades acordadas entre todos.
Escribo esta propuesta antes de las elecciones porque creo que, independientemente del resultado, este es el camino que debemos recorrer.
El PRO, y yo como presidente del partido, estamos dispuestos a asumir este compromiso. Somos conscientes de que nuestro aporte, por sí solo, es insuficiente para los cambios que hay que realizar. Necesitamos que después del 26 el gobierno convoque al diálogo, con humildad y honestidad. Que acepte eventualmente una oposición constructiva que traerá propuestas desde cada rincón del país para realizar las reformas necesarias que nos harán cambiar.
Creo en los argentinos. Creo que el futuro está cerca. Solo tenemos que dar con precisión los pocos pasos que nos separan de los objetivos que buscamos.
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