Rafael_Narbona@Rafael_Narbona
Ayer mientras participaba en el programa de Julia Otero, Juan Manuel de Prada me preguntó cómo estaba jubilado a los 60 años. A esa edad es perfectamente posible retirarse de la enseñanza, pero lo cierto es que yo estoy jubilado desde los 50. Una avalancha de tragedias familiares (mi hermano mayor se suicidó y después perdí a mis otros dos hermanos en circunstancias trágicas) me sumió en una depresión. En mala hora acudí a un psiquiatra que me recetó amitriptilina, un antidepresivo tricíclico que me provocó un cuadro de manía. Los médicos, incapaces de reconocer las evidencias que han puesto de manifiesto el carácter peligroso de los antidepresivos, pensaron que era bipolar y me incrementaron la medicación, agravando mi estado. Incapaz de continuar con mi rutina, pedí una baja y el psiquiatra utilizó la palabra “bipolaridad” en su informe. A las pocas semanas, la Administración inició un proceso de jubilación forzosa, que se completó en tres meses sin pasar por tribunal médico ni entrevistarme con ningún inspector. Corría los años del gobierno de Mariano Rajoy y yo me había destacado en las protestas de los docentes contra su política educativa. Publiqué artículos. Serios y satíricos. Adquirí mucha resonancia en las redes. Me acerqué a Podemos. ¿Influyó todo eso? Nunca lo sabré.
Aunque los alumnos organizaron grupos en las redes sociales pidiendo mi reincorporación, mi abatimiento era tan profundo que no presenté ninguna alegación. Había aprobado la oposición de profesor de filosofía de la Comunidad de Madrid con el nº 1, escribía en los medios y mantenía una relación excelente con los alumnos, pero la Administración no tuvo nada de eso en cuenta.
A los 50 años, parecía que se había acabado mi vida, pero no me resigné. Seguí escribiendo en El Cultural y Revista de Libros y empecé un libro autobiográfico, Miedo de ser dos. En los últimos diez años, he publicado 2.000 artículos y seis libros. En enero, aparecerá Maestros de la felicidad, una historia de la filosofía de 500 páginas que rescata las ideas más luminosas del pensamiento filosófico y explica cómo me ayudaron a salir de la depresión. No está escrito como un manual, sino como una novela y reproduce mi itinerario vital: la muerte de mi padre, el suicidio de mi hermano Juan Luis, los años que cuidé a mi madre con Alzheimer, la historia de superación de mi hermana Rosa, mi experiencia como profesor de instituto, mi convivencia con perros y gatos, la relación con mi mujer.
No habría podido hacer todo esto sin suspender gradualmente la medicación. Cualquiera que se moleste en investigar un poco, averiguará que los antidepresivos pueden ser muy dañinos. Son sustancias psicoactivas, como la marihuana y el alcohol. Algunos estudios fijan su eficacia en un 8% y no descartan que las mejorías se deban a un efecto placebo. En muchos países, hay sentencias judiciales reconociendo que han desencadenado graves alteraciones de conducta. Los autores de la matanza de Columbine perpetraron su crimen después de iniciar un tratamiento con sertralina y paroxetina. ¿Por qué se ocultan o se niegan estas cosas? Porque la industria farmacéutica es un lobby muy poderoso. De hecho, la Agencia Europea del Medicamente ha llegado a estar dirigida por una alta ejecutiva del sector, Emer Cooke. La intervención en el entorno y la psicoterapia son herramientas mucho más eficaces que los psicofármacos, pero también más caras. No hay ninguna prueba empírica que acredite el carácter biológico de la depresión. El que diga lo contrario, miente, pues no hay ninguna analítica, citología, biopsia o TAC que aporte datos inequívocos. Solo se ha demostrado la eficacia de los neurolépticos en los brotes psicóticos y de los ansiolíticos en las crisis de ansiedad, pero son fármacos con unos efectos secundarios muy desagradables.
Estoy harto de sobrellevar mi historia con embarazo. Cuando refiero lo que me ha pasado, algunos de mis interlocutores se incomodan. Parece que les estoy contando algo vergonzoso y que no debería airearse. Los estigmas sobre la enfermedad mental solo agudizan el sufrimiento psíquico. La depresión afecta a un porcentaje cada vez más alto de la población. En 2022, se quitaron la vida en España 4.097 personas. No sé si mi próximo libro ayudará a los afectados, pero creo que es un testimonio sincero y un signo de esperanza.
La depresión no es un condena irreversible, sino una experiencia de sufrimiento que puede superarse con afecto, ayuda profesional y un entorno favorable. He convivido años con un diagnóstico equivocado, pero ahora contemplo el porvenir con optimismo. Sigo siendo una persona melancólica y nostálgica, pero considero que la vida es una fantástica oportunidad y espero no desperdiciar los años que aún me queden.