
El Sínodo Vaticano ha mostrado su peor rostro en el reciente documento del "Grupo 9": testimonios escogidos expresamente para minar la enseñanza de la Iglesia en importantes temas de sexualidad humana, y a la vez atacar la labor paciente y respetuosa de Courage International. Quiero ser claro: la sinodalidad como camino de escucha y discernimiento dentro de la Iglesia, en fidelidad al Magisterio y clara conciencia de la estructura jerárquica y apostólica de la misma Iglesia, tendrá siempre un lugar. Pero, como ya lo rechazó el Papa Francisco, una sinodalidad que quiera, por cualquier medio, convertirse en fuerza de presión para lograr cambios doctrinales o morales, esto es, convertir a la Iglesia en una especie de "democracia" sujeta a las corrientes del momento, NO es compatible con la Iglesia de Cristo.
















