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x.com/enricross1964/… Lo que más me asusta de Trump ya no es Trump. Lo que más me asusta, no es que haya llegado a la presidencia de los Estados Unidos por segunda vez. Conociendo lo que hizo en su primero mandato, eso ya es suficiente para acojonarnos. Pero no es lo peor. Lo que más asusta es la resignación. La del mundo, la de Europa, y sobre todo la de la propia sociedad norteamericana. Ningún escritor de distopías —ni Orwell, ni Philip K. Dick, ni los guionistas más febriles de Hollywood— imaginó que un tipo así pudiera llegar a la presidencia dos veces. Y sin embargo aquí estamos. Pero lo verdaderamente perturbador no es él: es la normalidad con la que todo el mundo lo digiere. Abres el Washington Post, el New York Times, el Wall Street Journal, CNN, CBS, ni te cuento Fox y encuentras una calma desconcertante. Columnas de opinión mesuradas, portadas asépticas. Como si lo excepcional se hubiera convertido, por simple repetición, en rutina. Eso asusta. Y mucho. Lo mismo ocurre con la justicia: indicios de corrupción acumulados cada día, y una resignación colectiva que los va sepultando uno a uno. En enero, una encuesta señalaba que el 25% de los estadounidenses apoyaba la anexión por sus huevos naranjas de Groenlandia. Un 35 % de los ciudadanos siguen aprobando su gestión. En Davos, los hombres más poderosos del planeta hacían cola para aplaudirle y contemplar los renders de su futuro resort en la playa de Gaza. No es una metáfora. Fue literal. Lo que todo esto revela es para explotarnos el cerebro: tenemos que pensar seriamente en el estado mental, la ética y los valores de ese 3% de la población mundial que concentra el poder y el dinero suficientes para permitir —o simplemente tolerar— que esto ocurra. Porque la normalización no es un accidente. Hay una decisión de esta gente de permitirlo, aunque digan que está loco en privado y se aprovechen ganando mas dinero que nunca. Y hay un último apunte a ese 3 % de "Bigs Diks", quienes hoy apoyan dinámicas destructivas pensando que el incendio no llegará a su casa —como ocurre con ciertos apoyos en Oriente Medio— quizás no están calculando bien. Ese 3% tan poderoso, tan seguros de sí mismo, debería recordar que las consecuencias de lo que normalizan no siempre respetan pasaportes, fronteras ni cuentas en paraísos fiscales a ellos y sus familias, por muchos aviones privados tengan. Abajo podéis ver a Donald con lo que le hace más ilusión , el salón de Baile, dando la brasa a la prensa, con una sonrisa de estos por cierto, en el Air force One. Menuda evolución de especie mas patética.









































