
Diego Armando Andrades
53.3K posts

Diego Armando Andrades
@dieandrades
Vallenato ante todo, Godo, hago política por convicción no por ocasión.


Aún hay esperanza en el verdadero vallenato, #Mevoydeti @RafaManjarrezMz temazo. @Jorgitoceledon @HenryMto29 #vallenato @leydelmontes



Yo entiendo a muchos acordeonero, si gano Jamaica, Manuel Vega, Ponchito, otro de boyaca, cualquiera puede dirán.



Los costeños somos criados a 32°c, jugamos en la calle y nos sentamos en las puertas de las casas a hablar con los vecinos hasta altas horas de la noche. Eso, entre muchas otras cosas, nos hace ser expresivos, alegres y espontáneos, mucho más que el promedio de las personas que habitan en aquellas regiones del país donde el frío hace que tengan que resguardarse del clima en sus apartamentos. Aquí, por ejemplo, cuando entramos en un ascensor nos saludamos, hacemos bulla y no se extrañen que formemos un "perrateo" (mamadera de gallo) así no conozcamos a quienes nos acompañan, lo cual difícilmente ocurre en el centro del país. Así y aquí somos muy felices. No confundan nuestra espontaneidad con falta de seriedad, es fruto de la alegría que nos caracteriza y del entorno en el que fuimos criados. Recibimos a los "cachacos" con mucho cariño, los atendemos en nuestras fiestas y les hacemos comprender que a pesar de ser diferentes, podemos convivir en un país diverso donde cada región tiene costumbres diferentes que, a pesar que no se parezcan a las nuestras, no implica que una sea mejor que la otra. Y, por supuesto, nos gusta el acordeón, instrumento que se ha popularizado tanto que se ha convertido en un símbolo nacional hasta el punto que, después del carnaval de Barranquilla, el festival vallenato es el más visitado por personas del interior del país. Dejen nuestro instrumento quieto; bastante aplauden y bailan en las parrandas de "costeños", incluso en Bogotá (aún cuando para nosotros puede ser un irrespeto para con los artistas), cantando "La Herida" a grito herido sin ser cuestionados. Al contrario, en ese momento, nos levantamos de nuestras sillas y a cada uno, sin necesidad de meseros como en las fiestas de otras latitudes, les brindamos un buen trago de whisky, generalmente sin que hayan puesto plata pa' la botella. ¡SALUD!
















