Alejandro Chala@AleKolomonosov
El choque entre Revista Raya, La Silla Vacía y Revista Semana habla muy bien de cómo el campo de los medios de comunicación, en esta fase transicional en la que estamos inmersos, también está en disputa.
Los regímenes de verdad que construyen los medios, las líneas editoriales y la información como una narración no-neutral también están siendo cuestionados, reconstruidos y reubicados dentro de un nuevo espectro político que también disputa las hegemonías que muchos de estos medios han tenido. Cosa que no es de estos 4 años, sino que también deviene de todo un proceso estructural donde grandes medios han sido contestados por proyectos independientes de prensa, al menos, desde 2014.
Esto es importante porque esa disputa por los regímenes de verdad determina lo que puede ser nombrado, cómo se clasifica la información y lo que, esa clasificación, entra como aceptable socialmente o no.
Si la producción de información está atravesada por relaciones de poder que determinan qué se dice, cómo se dice, para quién se dice y con qué autoridad se dice, entonces es claro que el campo de los medios se convierte en otro escenario de esta disputa político-electoral en la que estamos, y que es normal que cada conglomerado de medios defienda una línea editorial en la que se encuentra ubicado.
Lo que me parece complicado (y creo que es la crítica a los reportajes de La Silla Vacía y de Semana) es que no exista un ejercicio de sinceridad frente a las agendas que se defienden. No está mal que un medio de comunicación acepte que defiende en su perspectiva una serie de posturas políticas que les llevan a interpretar las noticias y los análisis con un sesgo particular (que es claro que existe y que todo el mundo tiene). De hecho, creo que es urgente que cada medio se sincere con sus audiencias y tenga claro que su relato frente a un hecho está mediado por esos sesgos, que no está mal tenerlos y que es imposible eliminarlos.
También creo que la crítica a Revista Raya (de la cuál hice parte durante varios meses hace algunos años, ya no) parte de que el lugar de enunciación desde los medios públicos puede ser problemático, más si estos medios son administrados por figuras políticas, como Hollman Morris, que han podido instrumentalizar el sistema de medios públicos como organismo de propaganda. También resalto que, al menos desde Raya, ha existido un ejercicio sincero de enunciar, desde siempre, cuál es su visión del mundo y su forma de leer la información y presentarla. No han mentido en eso.
Es por ello que, en esta campaña político-electoral (y en una lectura del momento de transición en el que estamos, que la mayoría de los medios omite, porque no se proyectan en perspectiva coyuntural sino del acontecimiento inmediato), la exigencia es que los medios sean conscientes y transparentes en el lugar del campo comunicativo en el que se sitúan.
También es bueno preguntarse cómo la propiedad de los medios de comunicación, la dependencia a recursos de pauta, cooperación y donaciones, así como el modelo de negocio y la relación con actores y grupos de interés estructura, determina, da forma y articula esos sesgos desde donde los medios informan. Eso cala tanto para los grandes medios, pero también para el sistema de medios públicos del país.