
dulzelandia
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#ReflexionesJMMM Estoy radicalmente en contra de cualquier manifestación de violenta agresividad para defender ideas políticas. Y desde luego, estoy así mismo en contra de que se pasen por alto presuntos delitos sin que ni siquiera se produzca el más mínimo arrepentimiento. Intelectualmente sabemos que cuando no se tienen argumentos, se pasa a los insultos y a la violencia, lo que directamente autodescalifica a los que la ejercen. Ya dije desde el primer momento que estoy en contra de los asedios violentos por parte de los ultras a la sedes del PSOE. Pero en su momento fuimos también testigos de sucesos violentos e injustificables por parte de otros los denominados CDR. Sabemos que los jueces, tras valoración de las evidencias, han activado la causa sobre Tsunami Democràtic, en la que se investigan potenciales delitos de terrorismo. Lo que ha indignado a muchas personas es que ahora se pretenda una aplicar amnistía indiscriminada, sin arrepentimiento y sin compromiso alguno de rectificación, ante estos hechos que claramente contravenían nuestro ordenamiento jurídico, y más aún que se “acuerde” condonar deudas de forma no equitativa, a cambio de su apoyo para la investidura de Pedro Sánchez. ¿Cualquier cosa por resultar investido? Como ya dije, muchos creemos que no todo vale bajo la filosofía de hay que hacer lo que sea para mantener el poder y que no gobierne el adversario. El fin no justifica los medios. Insisto en la obligación ética de hacer lo posible para mantener la coherencia entre lo que se piensa, se dice y luego se hace. Solo así podremos asegurar la construcción de relaciones con credibilidad, el éxito en nuestras metas y la integridad personal. El primer ministro portugués, António Costa, ha dado una lección de integridad al dimitir y afirmar que lo hace porque la dignidad no es compatible con ninguna sospecha sobre su integridad. Precisamente esa sospecha es la que está movilizando a las personas que (la inmensa mayoría sin violencia) expresan su desacuerdo con la forma en la que parece estar negociándose la investidura del candidato cuyo procedimiento estamos ahora cuestionando. En ese sentido, parece cada vez más evidente que solución para salir de este marasmo no es que el candidato se presente a una sesión de investidura para hacer algo radicalmente distinto a lo que dijo que iba a hacer (aunque la aritmética de posiciones heterogéneas dé la suma). Lo apropiado sería someter este trascendental asunto a consulta a la ciudadanía. Hace unas horas hemos conocido que el propio comisario europeo de Justicia, Didier Reynders, ha expresado “serias preocupaciones” y ha pedido aclaraciones al Gobierno de Pedro Sánchez sobre la ley de amnistía para los implicados en el procés catalán. “La Comisión sigue comprometida con el seguimiento y la defensa de los valores fundamentales de la Unión en todos los Estados miembros y seguirá trabajando con las autoridades españolas para garantizar el respeto del Estado de derecho”, afirma el comisario de Justicia en su carta a los ministros en funciones Bolaños y Llop. ¿Y cómo resolver esta encrucijada y esta creciente crispación social? Pues yo veo cada vez más clara la respuesta: Convocar nuevas elecciones sin demora alguna, y que cada partido exponga lo que propone. En ese sentido puede ser absolutamente legítimo proponer de forma explícita una amnistía como “el camino correcto” y “con altura de miras” (tal y como ha afirmado Pedro Sánchez ante su partido o como parece defender con particular entusiasmo la coalición que forma Sumar). Pero que lo que se haga no sea “por la puerta de atrás”, sino de frente. Y esta misma exigencia se aplica a los demás partidos políticos. Que también expongan sus propuestas (más o menos complejas o profundas, o más o menos simplistas o populistas), pero de forma clara y para escrutinio público. E instauremos una cultura en la que quede explícito que después los ciudadanos vamos a exigir que se rindan cuentas, y vamos a hacer seguimiento de que al final sean elegidos para afrontar esa enorme responsabilidad pública, hagan todo lo posible para cumplir con lo que se ha prometido. Por eso, creo que ha llegado el momento de alzar la voz, con todo respeto, pero con toda claridad desde el principio de libertad de expresión, y decir: #PedimosElecciones para decidir nuestro camino durante una nueva legislatura en un horizonte que aparece lleno de retos para los que se necesita el máximo consenso, ética, solidez y determinación.





















