Edgardo retweetledi

LA “CAUTIVA DE LOS RANQUELES"
NO ENTIENDO COMO NO HAY UNA PELÍCULA SOBRE ESTA MUJER
En el cementerio municipal de la localidad del “MORRO”,en la provincia de San Luis está la tumba de doña Tiburcia Escudero, conocida como “La Cautiva de los Ranqueles”.
A partir del relato de la señora que vivió hasta los 104 años y falleció en 1931, Humberto Silvera historió un crudo episodio de los muchos que comulgaban en la zona.
“La Cautiva” vivía con sus padres y sus cuatro hermanos en un rancho, hoy bautizado el “Hueco de Tiburcia”, a ocho kilómetros al sudoeste del pueblo. En noviembre de 1850, Tiburcia fue secuestrada por un malón de ranqueles. Según su testimonio, a los ocho meses de cautiverio intentó huir pero la encontraron y la llevaron a las tolderías donde recibió flagelos y maltratos.
Después, en un segundo escape, caminó durante tres días hasta que la recapturaron. Y recibió un castigo más cruel: le arrancaron la planta de los pies.
La última oportunidad de huida llegó mientras los ranqueles dormían tras regresar de un malón. Tiburcia, se llevó los tres caballos del cacique y emprendió para el norte. Unos paisanos dieron con ella. Veamos lo que conto doña Tiburcia a un periodista de lo que le toco vivir cuando “la llevo el malón”
Según el relato de esta mujer tenía ella unos veinte años, era el mes de Noviembre de 1850, junto a su madre estaban ordeñando cuando unos gritos de sus hermanos anunciaban que se venían los indios, no lo podíamos creer escuchamos como un trueno era el tropel de la caballada indígena que llegaba a marcha forzada, yo dispare para una barranca que estaba cerca de la casa pero al instante sentí que una brutal fuerza me levantaba de los pelos, era un indio que me cruzo sobre su montura diciéndome algo como “huinca linda llevando toldo, no matando”
Allí comenzó una odisea para esta mujer, le ataron manos y pies con las trenzas de las boleadoras que eran duras y secas, le sangraron muñecas y pies, el viaje de vuelta a las tolderías duro varios días, comiendo carne cruda y bebiendo solo un poco de agua. Al llegar los indios a las tolderías festejaron el “Malón”, bebiendo y comiendo hasta el hartazgo, estando borrachos por días, las mujeres y los niños organizaban los festejos y comidas, a Tiburcia la ataron a un “palenque” sin darle agua ni comida, una india vieja le decía, “cuando saliendo la luna vos ser del cacique” .
Relata Tiburcia __al rato cuatro indios me llevaron al toldo del cacique que me quería “someter” me tiraron sobre una cama echa de palos y cueros que tenía un hedor insoportable, me defendí como pude mordiendo y pataleando hasta que el cacique a los gritos ordeno que me sacaran fuera de allí, me ataron nuevamente al palo con tientos de cuero que lastimaban mis muñecas y allí las indias me dieron una soberana paliza, lo último que recuerdo antes de desmayarme es que colgaba del palenque, atada de los tientos.
Su vida en los toldos fue una pesadilla de sufrimientos, “como era una de las queridas” del cacique, las indias la odiaban y cada vez que iban a recoger el ganado o leña aprovechaban la oportunidad y la azotaban con ramas con espinas o le daban una gran paliza pegándole con palos. Pero esta mujer no perdía la esperanza de fugarse de ese infierno y lo intentaba cada vez que podía, en el intento de su segunda fuga los indios luego de atraparla pues siempre se escapaba a pie, caminando y en esas pampas y desiertos de leguas y leguas no había donde llegar a buscar auxilio, de vuelta en los toldos le descarnaron a cuchillo las plantas de los pies para que no pudiera caminar, pero cuando pudo recuperarse volvió a intentarlo, y esta vez le echo el ojo a tres caballos cuidados que tenía siempre el cacique y una noche en que todos dormían saco despacito los caballos, había preparado alforjas con comida y chifles de agua a una distancia prudencial monto uno de los caballos y comenzó su huida, los intentos anteriores habían sido a pie.
Era invierno y al tiempo de andar comenzó a nevar, mejor eso borraría sus huellas, anduvo toda la noche y todo el otro día, cambiando de caballos cada tanto, a la noche se refugió cansada el frio intenso endurecía su descarnada humanidad.
Un yaguareté o puma la acechaba ya que la venia siguiendo de hacía rato, los caballos estaban nerviosos, los dejo bien “maneados” para no perderlos y quedar a pie en esas soledades, lo más preciado era conservar los caballos, pudo dormir un poco, así siguió el escape pasando los días, sin agua, teniendo que tomar del orín de los caballos, sin comida ya, tuvo que sacrificar a uno de ellos para tener carne para alimentarse, así pudo continuar la huida por días de marchas, quedándose sin carne se valió de la caza de mulitas para alimentarse, hasta que se encontró con un grupo de arrieros los que se asombraron en ver a esta mujer con dos caballos, vestida como india, con harapos, sucia y descarnada de flaca, pero con un temperamento de hierro que la llevo sobrevivir esta fuga increíble, casi como si hubiese sido escrita por el mejor libretista de las grandes películas del Oeste Americano. Los arrieros la llevaron a un poblado luego fue trasladada a San Luis capital donde la recibió el gobernador, al que Tiburcia Escudero le regalo los dos caballos “indios” que le quedaban y que se trajo de las tolderías.
Habían pasado cuatro años de aquella fatídica mañana de noviembre de 1850 en que fue llevada por el “Malón”.
Tiburcia se convirtió en una heroína en un paladín de las cautivas de los indios, fue una de las pocas mujeres que pudo vencer a los indómitos originarios de las Pampas. Se casó pero no tuvo hijos, murió en “El Morro”, en 1931 a los 104 años.


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