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@elpasquin88
Troll de @88lamaga que ya volvió! Pinto, escribo, tuiteo,luego pienso, luego existo. O a la inversa, según el día. Me seguís te sigo. Acá no se rinde nadie.
En cualquier lugar del mundo Katılım Eylül 2017
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Sabitlenmiş Tweet
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Desde hace décadas las escuelas primarias no dan abasto y las existentes se caen a pedazos. Pocos alumnos terminan el secundario, aunque es gratis y obligatorio, y egresan sin comprensión de textos. Pero se preocupan por la Universidad, que funciona como caja política partidaria y ofrece cargos de ñoquis para los kumpas , promoviendo con su gratuidad a los “estudiantes” crónicos que se dedican al adoctrinamiento político y no al estudio.
Gran error fue definir a la Educación como un mero DERECHO, creyéndola un privilegio de la aristocracia, cuando en realidad debería ser el DEBER de la clase gobernante, del rey y sus nobles en tiempos de monarquía, hoy deber del pueblo gobernante que decide el futuro de millones de personas con su voto soberano. x.com/laderechadiari…


Nicolás Márquez@NickyMarquez1
El dictador Perón intervino las universidades. Encarceló estudiantes y los torturó. Pero mañana la zoología peronista marcha en "defensa de la Universidad Pública": no tiene moral y no la tuvieron nunca.
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Para el día de la memoria en el 2022, Carlotto se fue a pasear a Paris con sus hijos funcionarios públicos sin cepo y dólar preferencial 🤷🏽♀️
Argentinayaok@argentinayaok
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Teoría de la Elección Pública
En un despacho austero de la Universidad de Virginia a principios de los años 60, dos economistas estadounidenses, James M. Buchanan y Gordon Tullock, miraban con lucidez implacable el espectáculo de la política moderna. No veían nobles servidores del bien común, sino seres humanos de carne y hueso, racionales y egoístas, que respondían a incentivos exactamente igual que cualquier tendero, banquero u obrero. De esa observación brutal surgió The Calculus of Consent (1962) y, poco después, la Teoría de la Elección Pública: la política no es un reino de altruistas desinteresados; es un mercado más, donde políticos, burócratas y votantes persiguen su propio beneficio, y donde los grupos de interés concentrados capturan el poder mientras los costos se difunden entre millones de contribuyentes invisibles. El «rent-seeking», esa fea palabra que Buchanan popularizó, consiste en buscar ganancias no creando riqueza, sino manipulando el aparato estatal para arrebatar recursos ajenos mediante regulaciones, subsidios o privilegios legales.
La idea es demoledoramente simple y, por eso mismo, intolerable para los románticos del poder: nadie en el gobierno es un «ángel guardián». Son agentes racionales que maximizan votos, presupuesto, prestigio y poder personal. Los votantes, racionalmente ignorantes, no estudian los programas; votan por promesas que les cuestan poco y les benefician mucho. Los burócratas expanden sus reinos porque su salario, su estatus y su jubilación dependen del tamaño del imperio que controlan. Y los lobbies, esos grupos pequeños y bien organizados, pagan el precio de la captura regulatoria porque los beneficios son enormes y concentrados, mientras los costos se reparten entre todos los demás como una niebla invisible.
Esta teoría, una de las más corrosivas de la economía del siglo XX (Buchanan recibió el Nobel en 1986 precisamente por destripar el mito del Estado benevolente), no se queda en los manuales académicos. Se manifiesta con saña especial en los experimentos socialistas y comunistas, donde el Estado no es un árbitro neutral, sino el propietario absoluto de todo. Cuando el aparato controla la producción, los precios, el empleo y hasta los pensamientos, el «rent-seeking» deja de ser un vicio marginal y se convierte en el único deporte nacional. La nomenklatura soviética no era una anomalía; era el resultado lógico de este proceso. Una nueva clase dominante que vivía en dachas, comía caviar y enviaba a los disidentes al Gulag mientras predicaba la igualdad. La «boliburguesía» venezolana, esos militares, ministros y enchufados que se repartieron PDVSA, empresas expropiadas y dólares preferenciales, no traicionó al chavismo; lo perfeccionó. Los cuadros del Partido en China actual no son comunistas del siglo XIX; son capitalistas de Estado con carnet rojo que amasan fortunas mientras el proletariado sigue siendo proletariado.
En la izquierda democrática el mecanismo es más refinado, pero idéntico en esencia. Los políticos prometen «bienes públicos gratis» como sanidad universal, educación gratuita, renta básica y subsidios verdes, financiados supuestamente por «los ricos» o por la deuda eterna. En realidad maximizan su propio stock de poder: cada nuevo programa crea clientelas dependientes, cada ministerio engorda burocracias leales, cada ley de «justicia social» multiplica los reguladores e inspectores que viven del presupuesto ajeno. Sindicatos de la educación pública bloquean cualquier reforma porque su monopolio les garantiza sueldos, privilegios y jubilaciones doradas a costa de generaciones de niños condenados a la mediocridad. ONG progresistas capturan fondos públicos para «luchar contra el odio» mientras sus directivos viajan en business class y dictan moral desde tribunas pagadas con impuestos. No hay ángeles en el poder; hay maximizadores de utilidad que, al expandir el Estado, expanden su propio botín.
El socialismo «real» siempre genera una nueva clase dominante porque la Teoría de la Elección Pública es implacable: cuando eliminas el mercado y la propiedad privada, no eliminas el egoísmo humano; simplemente lo canalizas hacia la única vía que queda, la política. El resultado no es el paraíso sin clases; es una cleptocracia con eslóganes igualitarios. Los costos se socializan, los beneficios se privatizan en mansiones, cuentas en Suiza y yates. Y cuando alguien señala la estafa, la respuesta es la de siempre: más Estado, más control, más represión para que el cuento no se derrumbe.
La Teoría de la Elección Pública no es cínica; es honesta. Brutalmente honesta. Nos recuerda que el poder corrompe y que el poder absoluto, el sueño húmedo de todo socialista, corrompe absolutamente. Por eso los regímenes que concentran todo en el Estado no producen igualdad; producen castas intocables con carnet del Partido. El resto del rebaño solo recibe las migajas y la factura.

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De paso averigüen también qué pasó con el dólar Terrorista o dólar Carlotto, ya que en épocas de cepo los terroristas y su prole accedían a un dólar preferencial sin límite de compra o venta y podían profugar sus indemnizaciones al exterior con total anuencia del gobierno. ¡Con flor de “rulo” se habrán enriquecido algunos! x.com/GiuliMaglietti…




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@IanArgentinoS Excelente twit gracias por defender nuestra soberanía! Las Malvinas son argentinas
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Firmenich, jefe de Montoneros, echado del homenaje al padre Mugica. Por si te quedaba alguna duda…
malena gainza@88lamaga
Para los que no saben que al padre Mugica lo mató Montoneros, acá Cafiero te lo cuenta en vivo y en directo
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Antes de continuar...si estás disfrutando redescubriendo esos rincones menos explorados de ABBA y esa magia melódica que nunca pasa de moda…
🎶 Imagina llevar esa misma esencia emocional a un paisaje sonoro distinto: una guitarra española acariciando las cuerdas de un oud árabe, mientras un ney dibuja atmósferas de calma y contemplación…
👇 Te dejo un Short de muestra (1 minuto) para que sientas la vibra:
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HABLEMOS UN POCO DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS
1) Las universidades públicas de Argentina son autónomas y autárquicas
Esto está estipulado en la Constitución Nacional y en la Ley 24.521. Implica que cada una de ellas tiene la potestad de manejar sus fondos en base a su criterio, como también la de determinar los contenidos de cada una de las carreras que se dictas en las facultades. Por ende, el Gobierno Nacional no interviene en cómo utilizan el dinero ni en cuáles carreras agregan o cuáles quitan.
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2) Derivado de lo anterior, poseen gobierno propio.
Cada universidad posee un Consejo Superior (máxima autoridad colegiada) y un Rector elegido por la comunidad universitaria que deciden a nivel universidad sobre el manejo presupuestario y cuestiones académicas. Cabe aclarar que en dicho Consejo Superior están los decanos de cada una de las facultades.
A su vez, cada una de las facultades de las universidades posee un Consejo Directivo y un Decano, que replican la estructura de gobierno a nivel interno.
Los órganos de gobierno poseen representantes de los docentes, los estudiantes, no docentes y graduados.
Bajo esta estructura, las universidades y facultades deciden su propio camino.
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3) Los responsables directos son el Rector y los Decanos.
El Rector y los Decanos son responsables de la ejecución administrativa, bajo la supervisión de los consejos mencionados. Por ende, si el dinero no alcanza, como primera medida debería analizarse cómo fue administrada por el Rector y los Decanos, algo que en la práctica la Auditoría General de la Nación no cumplede forma fluida, motivo por el cual el Poder Ejecutivo Nacional solicita auditar a las casas de altos estudios.
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4) Se le reclama a quien no corresponde
Mientras el Gobierno Nacional transfiera los fondos en tiempo y forma, tal está establecido en el Presupuesto Nacional del 2026, no existe reclamo alguno hacia el gobierno. Esto se cumplió y no existe actualmente ningún reclamo realizado por escrito que haya quedado sin resolver.
Dicho lo anterior, son el Rector y los Decanos quienes deben responder ante los docentes y los alumnos por las carencias económica suscitadas: bajos sueldos, faltas de recursos para investigación, deficiencias edilicias, etc.
Por ley, el Gobierno Nacional no puede intervenir sobre cómo utiliza su presupuesto cada una de las universidades públicas de Argentina. Del mismo modo, por ley, el Gobierno Nacional no puede decidir sobre cuáles carreras deben dictarse y cuáles no o cuales materias deben seguir y cuáles no. Si en tu facultad quitaron una materia que te gustaba, la culpa es de tu Decano y del Consejo Directivo, no de Javier Milei.
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En conclusión, te estuvieron tomando el pelo todo el tiempo y no te diste cuenta, al mentirte que las universidades iban a ser cerradas por el Gobierno Nacional, entre otras locuras más.
Ahora ya sabes cómo funcionan las universidades. No te comas el verso.
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