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LA HUELLA DE FRANCISCO
Hace un año supimos que a pesar de ser muchos podíamos sentirnos un poco solos.
Si para San Lorenzo su asunción fue una gracia divina, un regalo de Lorenzo Massa en momentos de turbulencia, su partida fue un áspero gancho al espíritu santo.
Porque Francisco caminó con nosotros y durante trece años sentimos que volvíamos a tener al cura Lorenzo guiándonos, fueron años de fuego sagrado con una protección espiritual que nos religó siempre al origen.
Hoy que volvemos a transitar caminos turbulentos, su recuerdo es una luz cálida iluminando desde el Cielo. No podemos permitirnos el olvido y mucho menos extrañarlo porque cada uno de sus pequeños grandes gestos permanecen vivos con nosotros. Francisco dejó su huella.
Fue un líder mundial con carisma y determinación política para llevar la Palabra a los confines del mundo. Visitó lugares hostiles para la Fe católica, se humilló en nombre de Dios ante líderes de diferentes credos siguiendo las huellas de Cristo en un gesto de humildad y esperanza. Intervino para detener conflictos armados, denunció y tomó medidas concretas sobre los temas que avergüenzan al Vaticano, fue la cara visible de miles de refugiados, nunca dejó de comunicarse con la única iglesia católica de pie en Gaza (un gesto simple cargado de un profundo sentido de amistad) le pidió a los jóvenes que hagan lío y finalmente le recordó al mundo que las puertas del Cielo están abiertas para todos.
Y mientras oficiaba como pastor de almas, siempre que le tiraron una camiseta de San Lorenzo la agarró con ternura y la mostró, cuando le acercaron una bandera la enarboló con amor, y su frase “…y que gane San Lorenzo” se convirtió en una especie de mantra para cerrar cualquier conversación.
El Papa Francisco fue un ejemplo de participación y compromiso, de orgullo y amor por San Lorenzo. Tomemos esa posta, sigamos su ejemplo, con gestos simples pero cargados de amor. San Lorenzo necesita más que nunca probarse las sandalias de Bergoglio para desandar con alegría los caminos más complejos, sin dejar de sonreír jamás y sumando gente en la aventura, que comparta nuestro sentimiento, que lo sienta como nosotros, como él.
“Quien camina sin dejar huella no sirve para nada” dijo una vez… seamos nosotros los mejores intérpretes de su pensamiento.