Milton Fernando Montoya

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@f2001co

PhD en Derecho.OPINIONES PERSONALES.

Katılım Ağustos 2012
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Daniel F. Briceño
Daniel F. Briceño@Danielbricen·
Confirmado: Alias el Zarco Aldinever asesino de Miguel Uribe tenía las ordenes de captura suspendidas por la Fiscalía el día que atentaron contra Miguel en Bogotá. La orden de captura se había suspendido por solicitud de Petro y fue reactivada solo 40 días después del atentado.
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Juan Espinal
Juan Espinal@Juan_EspinalR·
La Paz total de @petrogustavo
ÚltimaHoraCaracol@UltimaHoraCR

#Atención | Un policía muerto y tres heridos dejó un atentado con explosivos contra una patrulla sobre la Vía Panamericana en el sur del Cauca, entre Timbío y Rosas. Los uniformados, junto a técnicos antiexplosivos, se dirigían a verificar un artefacto instalado en el corredor vial. La poderosa carga afectó gran parte de la vía. Vía @BrandonLeguiz caracol.com.co

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Juliana Velasquez
Juliana Velasquez@julivelasquez82·
Mujer vampira, princesa oligarca y animal de carroña. ¿Qué otra cosita se le ocurre al presidente para insultar a las mujeres hoy?
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Andrés Forero CD
Andrés Forero CD@AForeroM·
Hay plata para las películas de Petro, el jamón de bellota de Morris y el masajista de Verónica Alcocer, pero no para hacerle mantenimiento a los equipos de nuestra fuerza pública.
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Milton Fernando Montoya
Hoy en dia, subirse a un avión de las fuerzas militares o a uno de linea comercial en Colombia es una verdadera loteria, con la incapacidad técnica de este gobierno, del lado de la aviación civil, y ante la falta absoluta de recursos en la aviación militar. No mas tragedias en la aviación en Colombia por favor !! @AerocivilCol @FuerzaAereaCol
Gustavo Niño@GustavoNinoF

En los últimos 43 meses se han accidentado al menos 12 aeronaves de la Fuerza Pública. No es un caso aislado: es el reflejo de una capacidad aérea que se está debilitando. Sigo 👇🏻

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Pedro Arnulfo Sanchez S. Orgullosamente Colombiano
Con profundo dolor informo que un avión Hércules de nuestra @FuerzaAereaCol sufrió un trágico accidente mientras despegaba de Puerto Leguízamo (Putumayo), cuando transportaba tropas de nuestra Fuerza Pública. Unidades militares ya se encuentran en el lugar de los hechos; sin embargo, aún no se ha determinado con precisión el número de víctimas ni las causas del siniestro. Se han activado todos los protocolos de atención para las víctimas y sus familias, así como la investigación correspondiente. Expreso mis más sinceras condolencias a los familiares de quienes resultaron afectados y, en respeto a su dolor, hago un llamado a evitar especulaciones hasta contar con información oficial. Es un evento profundamente doloroso para el país. Que nuestras oraciones acompañen y alivien en alguna medida el dolor.
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Andrés Forero CD
Andrés Forero CD@AForeroM·
@petrogustavo A este charlatán se le acabó el gobierno y se la pasó hablando carreta sin hacer nada.
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Milton Fernando Montoya
Cito: "Cepeda es un peligro para Colombia. No por el volumen de su voz, sino por lo que representa. No por lo que aparenta, sino por lo que ayuda a justificar. Y un país que no aprende a identificar esos peligros termina descubriendo demasiado tarde que los hombres más dañinos no siempre son los que gritan duro, sino los que logran que la degradación parezca virtud".
Carolina Restrepo Cañavera@carorestrepocan

Iván Cepeda es un peligro Por Carolina Restrepo Cañavera Hay peligros obvios, ruidosos, casi folclóricos. Llegan gritando, insultando, prometiendo incendiarlo todo y exhiben su radicalismo como si fuera una virtud. Ese es Petro. Pero hay otros más sofisticados y por eso mismo, más peligrosos: los que hablan en voz baja, se presentan como conciencia moral del país, se recubren de superioridad ética y terminan legitimando, con lenguaje elegante, las peores deformaciones de una democracia. Iván Cepeda pertenece a esa categoría. No es un caudillo carismático. No mueve multitudes por magnetismo personal. Más carisma tiene un pollo frito. Su fuerza no está en el entusiasmo que produce, sino en la respetabilidad que le fabrican. Lo ensalzan, lo pulen, lo elevan a reserva moral de la nación, como si su trayectoria hubiera sido la de un republicano serio y no, demasiadas veces, la de un legitimador político de quienes jamás debieron ser tratados como interlocutores nobles, sino como criminales reincidentes. Ese es el problema de fondo con Cepeda. No su tono. No sus maneras. No esa apariencia de hombre sereno, pausado, casi sacerdotal, con la que tantos se dejan seducir. El problema es lo que ha ayudado a normalizar. Durante años ha defendido la idea de que ciertos actores armados podían recibir tratamiento político incluso después de reincidir. Eso no fue un matiz menor. Fue una señal política devastadora: en Colombia, al parecer, traicionar un acuerdo, volver al crimen y seguir armado también podía abrir la puerta a una nueva legitimación. Y las señales importan. Importan porque moldean el lenguaje público, porque degradan la frontera entre crimen y política, porque convierten al terrorista en actor, al chantajista en interlocutor y al reincidente en gestor de paz. La llamada paz total se edificó, en buena parte, sobre esa ambigüedad moral: la idea de que todo violento puede reciclarse indefinidamente si encuentra un gobierno dispuesto a otorgarle estatus, micrófono y excusa. El resultado está a la vista. Estructuras que nunca desaparecieron, grupos que se fortalecieron y un país cada vez más confundido sobre lo que significa la autoridad del Estado. Y en ese contexto, el magnicidio de Miguel Uribe no puede leerse como un hecho aislado. Tiene que leerse también como una consecuencia de un ambiente político que durante años relativizó al criminal y debilitó la capacidad moral de la sociedad para rechazarlo sin matices. No se trata de confundir responsabilidades penales con responsabilidades políticas. Se trata de entender algo más profundo: también destruyen un país quienes les lavan la cara a los violentos, quienes los presentan como rebeldes con causa y quienes insisten en llamar proceso a lo que hace mucho degeneró en negocio criminal y barbarie armada. Ese ha sido, demasiadas veces, el papel de Cepeda. No el del hombre que dispara, sino el del hombre que pone incienso sobre el arma ajena. Y ahí está su verdadero peligro. No necesita parecer feroz para hacer daño. Su función ha sido más útil y más corrosiva: volver decente lo indecente, presentable lo repudiable y moralmente confusa una frontera que una república seria debería mantener nítida. Lo suyo no ha sido la violencia abierta, sino la coartada moral de la violencia ajena. Basta mirar el mundo para entenderlo. Allí donde se romantiza al criminal, se debilita la autoridad y se convierte la claudicación en virtud, el resultado termina siendo el mismo: deterioro institucional, impunidad, polarización y fracaso. Pero aquí todavía quieren vender esa misma fórmula como si fuera sofisticación. No lo es. Cepeda es un peligro para Colombia. No por el volumen de su voz, sino por lo que representa. No por lo que aparenta, sino por lo que ayuda a justificar. Y un país que no aprende a identificar esos peligros termina descubriendo demasiado tarde que los hombres más dañinos no siempre son los que gritan duro, sino los que logran que la degradación parezca virtud.

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Carolina Restrepo Cañavera
Carolina Restrepo Cañavera@carorestrepocan·
Iván Cepeda es un peligro Por Carolina Restrepo Cañavera Hay peligros obvios, ruidosos, casi folclóricos. Llegan gritando, insultando, prometiendo incendiarlo todo y exhiben su radicalismo como si fuera una virtud. Ese es Petro. Pero hay otros más sofisticados y por eso mismo, más peligrosos: los que hablan en voz baja, se presentan como conciencia moral del país, se recubren de superioridad ética y terminan legitimando, con lenguaje elegante, las peores deformaciones de una democracia. Iván Cepeda pertenece a esa categoría. No es un caudillo carismático. No mueve multitudes por magnetismo personal. Más carisma tiene un pollo frito. Su fuerza no está en el entusiasmo que produce, sino en la respetabilidad que le fabrican. Lo ensalzan, lo pulen, lo elevan a reserva moral de la nación, como si su trayectoria hubiera sido la de un republicano serio y no, demasiadas veces, la de un legitimador político de quienes jamás debieron ser tratados como interlocutores nobles, sino como criminales reincidentes. Ese es el problema de fondo con Cepeda. No su tono. No sus maneras. No esa apariencia de hombre sereno, pausado, casi sacerdotal, con la que tantos se dejan seducir. El problema es lo que ha ayudado a normalizar. Durante años ha defendido la idea de que ciertos actores armados podían recibir tratamiento político incluso después de reincidir. Eso no fue un matiz menor. Fue una señal política devastadora: en Colombia, al parecer, traicionar un acuerdo, volver al crimen y seguir armado también podía abrir la puerta a una nueva legitimación. Y las señales importan. Importan porque moldean el lenguaje público, porque degradan la frontera entre crimen y política, porque convierten al terrorista en actor, al chantajista en interlocutor y al reincidente en gestor de paz. La llamada paz total se edificó, en buena parte, sobre esa ambigüedad moral: la idea de que todo violento puede reciclarse indefinidamente si encuentra un gobierno dispuesto a otorgarle estatus, micrófono y excusa. El resultado está a la vista. Estructuras que nunca desaparecieron, grupos que se fortalecieron y un país cada vez más confundido sobre lo que significa la autoridad del Estado. Y en ese contexto, el magnicidio de Miguel Uribe no puede leerse como un hecho aislado. Tiene que leerse también como una consecuencia de un ambiente político que durante años relativizó al criminal y debilitó la capacidad moral de la sociedad para rechazarlo sin matices. No se trata de confundir responsabilidades penales con responsabilidades políticas. Se trata de entender algo más profundo: también destruyen un país quienes les lavan la cara a los violentos, quienes los presentan como rebeldes con causa y quienes insisten en llamar proceso a lo que hace mucho degeneró en negocio criminal y barbarie armada. Ese ha sido, demasiadas veces, el papel de Cepeda. No el del hombre que dispara, sino el del hombre que pone incienso sobre el arma ajena. Y ahí está su verdadero peligro. No necesita parecer feroz para hacer daño. Su función ha sido más útil y más corrosiva: volver decente lo indecente, presentable lo repudiable y moralmente confusa una frontera que una república seria debería mantener nítida. Lo suyo no ha sido la violencia abierta, sino la coartada moral de la violencia ajena. Basta mirar el mundo para entenderlo. Allí donde se romantiza al criminal, se debilita la autoridad y se convierte la claudicación en virtud, el resultado termina siendo el mismo: deterioro institucional, impunidad, polarización y fracaso. Pero aquí todavía quieren vender esa misma fórmula como si fuera sofisticación. No lo es. Cepeda es un peligro para Colombia. No por el volumen de su voz, sino por lo que representa. No por lo que aparenta, sino por lo que ayuda a justificar. Y un país que no aprende a identificar esos peligros termina descubriendo demasiado tarde que los hombres más dañinos no siempre son los que gritan duro, sino los que logran que la degradación parezca virtud.
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EL TIEMPO
EL TIEMPO@ELTIEMPO·
🔴🎙️ María Isabel Rueda (@MIsabelRueda) habló con el constitucionalista Mauricio Gaona sobre por qué al presidente Petro 'ya no le sirve la Constitución del 91' y sobre otros temas de agenda política. 👉🏾Lea la entrevista completa en eltiempo.com.
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María Jimena Duzán
En este comunicado que firmamos periodistas, escritoras y abogadas, contamos todas las acciones que Holman Morris, director de RTVC ha adelantado sistemáticamente para silenciar a las mujeres que lo denuncian. #NoAlPactoDeSilencio
María Jimena Duzán tweet mediaMaría Jimena Duzán tweet mediaMaría Jimena Duzán tweet media
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El Colombiano
El Colombiano@elcolombiano·
El abogado constitucionalista Mauricio Gaona advierte sobre el riesgo de una “dictadura constitucional” en caso de que llegue a la presidencia Iván Cepeda. elcolombiano.com/colombia/entre…
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José Manuel Restrepo Abondano
La verdad sobre el crimen de Miguel Uribe Turbay es devastadora. ¿En qué momento el país aceptó que los criminales se burlen del Estado ? Esto no es paz. Es impunidad!!. La “Paz Total” no puede ser licencia para el crimen mientras las víctimas esperan justicia. Con @ABDELAESPRIELLA , vamos a enfrentar la impunidad y a devolverle el orden a Colombia 🇨🇴
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Germán Ricaurte
Germán Ricaurte@german_ricaurte·
Una sola pregunta para el candidato @IvanCepedaCast: ¿Todavía habla “todo el tiempo” con Iván Márquez o hace cuánto no charlan por teléfono?
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ABC.es@abc_es·
EE.UU. investiga al presidente de Colombia, Gustavo Petro, por sus vínculos con el narco abc.es/internacional/…
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