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Toda la historia y la emoción que guarda esta Copa 😮💨Hoy, reposa en la casa del actual campeón📷Boca Juniors. #BCLAmericas

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#BocaCampeonDeAmerica
Desde que terminó la temporada pasada, con el bicampeonato consumado, en Boca solo se repetía una cosa: nos queda la espina de la Champions.
Pese a las inmensas alegrías de la última época, lo que dolía de la BCLA no era tanto no haberla ganado, sino no haber podido estar a la altura en la final, en la que el Flamengo del Oveja Hernández nos había borrado de la cancha.
La frase se repitió como un mantra y empezó a calar hondo en los jugadores, hinchas, colaboradores, periodistas: "Vamos a intentar ser campeones de América". Desimone, Leiva y el Polaco Pérez se pusieron a trabajar para elegir grandes jugadores, pero las dudas empezaron a surgir con bastante rapidez. ¿Serían jugadores compatibles? ¿No nos falta tiro exterior? ¿Por qué no llegan los extranjeros?
A eso se sumaron más adversidades: Loku Cuello se lesionó ante Instituto en el cuarto partido de la temporada y dejó al equipo con solo 6 fichas mayores. Los rivales le empezaron a encontrar la vuelta a la marca de Fran Caffaro y de su inicio demoledor fue quedando muy poquito. Se buscó un reemplazo por la lesión del escolta y llegó un jugador que se tuvo que volver a ir tras el primer entrenamiento. Finalmente arribó Romeao Ferguson, pero su rendimiento no fue el esperado.
Y Boca iba a los tumbos, ganando y perdiendo contra cualquier rival, en cualquier cancha. La Liga se iba poniendo cuesta arriba y la primeras dos ventanas de la BCLA en Uruguay y en La Bombonerita no mostraban demasiadas señales de mejoría.
Por decantación, cansancio o porque no había mucho más para hacer, la dirigencia resolvió el despido del querido Polaco Pérez una vez que ya no había tiempo para hacer cambios en el plantel. Su salida fue un cimbronazo: ¿cómo echás al técnico que te sacó bicampeón de Liga, campeón del S4 y la Supercopa y subcampeón de América? ¿Cómo te desprendés de un entrenador que recorrió todos los peldaños de la escalera, desde limpiar el parquet a monitor, entrenador juvenil, analista de video, asistente técnico hasta entrenador de la primera? ¿Por qué en ese momento específico, sin margen para el nuevo coach de hacer cambios en la plantilla?
El fierro que agarró Nicolás Casalánguida estaba al rojo vivo, pero se puso los guantes de amianto. Parte de su liderazgo tuvo que ver con la recomposición de un equipo que parecía desconectado, con chisporroteos visibles entre sus protagonistas. La tercera y definitiva ventana de la BCLA se jugaba en Belo Horizonte y el conjunto xeneize demostró la determinación necesaria para destruir a Aguada, que llegaba con bajas importantes, y para hacerse fuerte ante el local Minas, en uno de los mejores partidos de la temporada -especialmente por lo inestable que había sido Boca hasta ese momento y la contundencia de la victoria ante un rival de fuste- y se quedó con el primer puesto en el grupo. Aprovechó un fixture muy favorable en la LNB a inicios de febrero para meter una racha de victorias inapelable. Llegó Instituto en la Supercopa y fue la primera caída del entrenador desde su llegada. Los nubarrones de la duda volvieron a aparecer. Inmediatamente después en cuartos de BCLA le ganamos los dos partidos al propio Instituto, pero viste cómo es la cosa.
La Liga es larga y los rivales se sucedieron. Boca no lograba tener un juego convincente, aunque seguía ganando la mayoría de sus partidos. Hasta que Oberá en Misiones nos pegó un golpazo. Y en una tabla que era un infierno, un subibaja infinito, no nos terminábamos de acomodar. Y llegó Ferro, que es como un pibito atrevido que se pasa de la raya, como un boxeador escurridizo al que no le entra una piña. Le tiramos una para tumbarlo, pero esquivó y pegó sin guardia y otra vez caímos. Ganarle a Independiente de Oliva fue positivo en la fecha previa al Final Four.
Y llegó el día nomás. Obras estallado de hinchas de Boca, Nacional eliminado por Franca más temprano y el gran Flamengo, el que nos venía negando alegrías en casi todos los cruces pasados, el campeón vigente, el del Oveja, el de Negrete, Baralle, Shaq Johnson, Deodato, Wesley.
Boca salió a la cancha hecho un león hambriento. Y al Flamengo se lo comió. Oveja Hernández pidió minuto cuando el partido ya iba 15-2 en el primer cuarto, aunque no había demasiado que pudiera decir. Boca se multiplicaba defensivamente, cubría todos los espacios, se aferraba a los rebotes y buscaba correr. Un partido de esos que da lo mismo mencionar las estadísticas individuales porque es el equipo la gran figura, la cohesión del quinteto en cancha es la que prevalece por sobre cualquier acción personal. Hubo dos dobles dobles, sí. También cinco jugadores arriba de los 9 puntos y ninguno con más de 16. Hubo solo 7 pérdidas de equipo y 11 robos de balón. Hubo poca efectividad en tiros de 3, porque si no hubiera sido antológico. Boca no estuvo al frente en el marcador solamente durante los primeros 19 segundos, en los cuales nadie había anotado. Todo el resto, absolutamente todo, fue azul y oro.
El gran equipo de las fases previas de la BCLA venía siendo Nacional de Montevideo, pero su principal figura, Connor Zinaich, llegaba con lo justo tras una lesión en la rodilla. Enfrente estaba el multicampeón brasileño y siempre poderoso Sesi Franca, un equipo "corto", con 8 jugadorazos y nada más. Poco pudo hacer con su aliento el público bolso que se acercó a Obras ante el poderío físico y el ataque eficiente de Franca, que lo apabulló desde el primer cuarto. Los uruguayos lograron emparejar, pero el equipo paulista lo volvió a atropellar sin miramientos para conseguir el pase a la final.
Así, sin más, el Franca se había sacado de encima al mejor equipo del torneo. Sin despeinarse. Sin sufrir. Como quien ahuyenta una mosca de su almuerzo. La final pintaba compleja.
Seguramente el factor de la localía tuvo mucho que ver. El marco era de fiesta azul y oro. Expectativa y alegría por ver a Boca en lo más alto. Ilusión, tras haber aplastado a Flamengo de la manera en que se hizo.
Pero había un gesto repetido en cuerpo técnico y jugadores, mencionado una y otra vez en las entrevistas posteriores: los índices apuntando a las sienes, el ceño fruncido, "cabeza", "concentración", "enfoque".
Un convencimiento absoluto de que se podía ser superior desde la mentalidad, pero solo posible sin una mínima fisura mental. No te podías caer. No te podías distraer.
Boca entró al partido en ese tono y nunca salió de ahí. Ni siquiera en ese arranque furibundo de Franca, que clavó 6 triples y anotó 28 puntos. Scala no se achicó ante su exequipo y -en una temporada en la que los triples se le han negado mucho- metió 4/5. Tal vez el único punto individual que realmente sobresalió en todo el fin de semana.
Los 28 de Franca eran demasiado para un palo a palo: había que bajar ese número. Allí estuvo el enfoque del segundo cuarto: la defensa aumentó en intensidad y empezó a cubrir mejor las pequeñas grietas del primer período. Solo permitió un triple (Georginho quedó solo en el eje casi por accidente) y dos dobles en todo el cuarto, que se lo llevó Boca por 16-10. En ese tramo, a 26 minutos del final del partido, Franca estuvo al frente en el marcador por última vez en el juego, por 35 a 34.
El inicio temible de Lucas Dias se fue apagando, cada vez más errático y fastidioso con los réferis. David Jackson y Corderro Bennett forzaban, pero la defensa de Boca era como un bosque encantado en donde las ramas le cerraban el paso. La electricidad de Laterza tampoco generó soluciones. Defensa, defensa y defensa. Correr, correr y correr. En estacionado, con inteligencia: Fran Caffaro aprovechaba su confianza y sacaba ventaja en la pintura, aun frente a la inmensidad del ex NBA Cristiano Felicio. Cuando no conducía el Panda, Faggiano tomaba el mando con una calidad estupenda. Pipi Barreiro ganaba con potencia en los dos canastos. Smith seleccionaba bien los tiros, sin apurarse, sin fastidiarse. Y las inyecciones anímicas se fueron acumulando. Asistencia de Smith para la volcada de Caffaro en soledad. Una tapa inmensa a la carrera del pivot de la selección en persecución a Lucas Dias. Una contra mágica de Faggiano partiendo a la defensa en dos y depositando el balón con delicadeza en el canasto. El triple desde la esquina del Pulpo Stenta, merecidísimo tras un esfuerzo encomiable en ambos costados, cuando la bocina marcaba el final del tercer cuarto. Hasta Giorgetti tuvo su premio -después de mucho batallar con uñas y dientes en un trabajo colosal en el costado defensivo- llegó el triple, el primero y único en seis intentos, desde el mismo rincón que Stenta. Y otra vez Cuello y sus ratitos letales. Y otra vez Vega con su inteligencia, su conducción y su defensa. Y un par del amuleto, el siempre correcto Wayne Langston, para seguir mareando a Franca con anotaciones en diferentes manos.
Y en cada momento de pausa, en cada tiempo muerto, los índices a las sienes de Casalánguida, las yemas de los dedos en la cabeza de cada uno de los jugadores, pese a los festejos, las celebraciones, los abrazos. Como aquel día legendario en el que Argentina venció a Estados Unidos en los JJ. OO. de Atenas, la superioridad era clara, pero no había que confiarse. No había que darles un centímetro, porque de la nada, podían resucitar. Abrazos y sonrisas, pero "cabeza". Arengas y festejos, pero "cabeza". A un minuto y medio del final, cuando todavía los jugadores no se soltaban, fue la gente la que comenzó a darles el pie para que cayeran en que eran campeones, que habían logrado llevar a Boca a lo más alto de América por primera vez en su historia, que habían clasificado para la Copa Intercontinental que los hará medirse contra otros grandes del mundo.
Si la RAE pusiera una foto de este Boca al lado de la definición de la palabra "equipo" sería algo justo. Una vez más, las individualidades per sé tuvieron poco que ver. O en todo caso, un sin fin de acciones individuales encadenadas en pos de un trabajo en equipo, de cubrir el error del compañero, de encontrar al mejor ubicado, de dejar el alma por el de tu propia camiseta. Para las autoridades, el MVP fue Caffaro, pero podrían haber elegido a varios otros o romper el molde y entregarle el premio al capitán en representación de cada uno de los jugadores que puso a Boca en la historia grande de América.
Un objetivo puesto hace muchísimo, buscado, anhelado y finalmente conseguido con el esfuerzo visible de los jugadores y cuerpo técnico, estruendoso de la hinchada y silencioso de todos aquellos que trabajan denodadamente para que las cosas lleguen a su puerto.
¿Me escuchás, bostero, en la cima de América, con todo este eco?
¡Salud, campeón!
💙💛💙

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🏀9 años de diferencia.
🔝Hoy, @BasquetBocaJrs es bicampeón de la Liga y Campeón de América.
👏👏👏💙💛💙


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