Arturo Ulloa retweetledi

El terreno donde está la Torre Latinoamericana fue primero el zoológico de Moctezuma II, luego el Convento de San Francisco, luego el edificio de una aseguradora, y hoy es uno de los experimentos de ingeniería más importantes del siglo XX. Está construida literalmente sobre el lecho del lago de Texcoco, sobre arcilla saturada de agua, en la zona sísmica más activa de América del Norte, y no solo sobrevivió a tres de los terremotos más devastadores que ha sufrido la Ciudad de México sino que mientras los edificios a su alrededor se desmoronaban, ella osciló, se acomodó y siguió de pie. El ingeniero Leonardo Zeevaert tardó años en resolver el problema de cómo clavar 44 pisos en una esponja. La solución fue enterrar 361 pilotes de concreto hasta 33 metros de profundidad donde hay arena compacta, construir un cajón de cimentación a 13 metros bajo tierra que funciona como el casco de un barco, y dejar que la torre flotara entre el agua y la arcilla del subsuelo en lugar de pelearle al movimiento. La misma empresa que había suministrado el acero del Empire State Building suministró el de la Torre Latino. La inauguraron el 30 de abril de 1956 como el edificio más alto de América Latina y uno de los seis más altos del mundo fuera de Estados Unidos. El 28 de julio de 1957 un sismo de 7.7 grados tiró al Ángel de la Independencia de su columna y dejó la ciudad llena de escombros. La Torre osciló metro y medio en su cúspide y no tuvo un solo daño estructural. El 19 de septiembre de 1985, con 8.1 grados, mientras el Hotel Regis, el cine Alameda y cientos de edificios se derrumbaban a su alrededor, el ingeniero Adolfo Zeevaert la miró desde su oficina en el piso 25 y solo encontró dos ventanas desajustadas y un tubo de agua roto. El 19 de septiembre de 2017 resistió de nuevo. El encargado de mantenimiento del edificio tiene una frase para explicar por qué: "Si se cae la Torre Latinoamericana, se destruye la ciudad." No es exageración. Es la lógica del diseño.

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