Pablo De Luca 🧡🏳️🌈🇦🇷🏳️⚧️ retweetledi

Este artículo de The Economist es bastante provocador y sugiere, con un punto de ironía, que los baby boomers -la generación del sexo, drogas y rock and roll en los años 60 y 70- no han cambiado ni un ápice al llegar a la jubilación. En vez de retirarse a una mecedora con una mantita y un libro, muchos están convirtiendo la vejez en una segunda juventud desatada, manteniendo (y en algunos casos potenciando) los mismos hábitos que escandalizaban a sus padres hace medio siglo. Lejos de calmarse, esta generación parece decidida a demostrar que la tercera edad puede ser tan caótica como la primera.
Lo que cuenta el artículo que hacen es variado y, en muchos casos, preocupante. El consumo de alcohol esta subiendo entre los mayores de 55 mientras cae entre los jóvenes. El cannabis regresa con fuerza (legal en muchos sitios y con recuerdos nostálgicos de juventud). Incluso cocaína y éxtasis reaparecen en festivales entre cincuentones que “vuelven a las andadas”. Las enfermedades de transmisión sexual se disparan, con la gonorrea multiplicada por más de seis en mayores de 55 en los EE.UU. desde 2010 y la sífilis subiendo un 31 % en mayores de 65 en Inglaterra. Hay un número de divorcios tardíos récord, con más gente viviendo sola, apps de citas para mayores y pastillas para la disfunción eréctil alimentando una “hookup culture” importante. Hay comunidades de jubilados como Margaritaville donde organizan fiestas de togas con banda en vivo, cócteles en la entrada de casa y ambiente universitario… pero con bastones y más arrugas.
Pero todo no es bonito. Las muertes por sobredosis (sobre todo cocaína y éxtasis) ya superan en muchos casos a las de los jóvenes. Los mayores representan una porción creciente de arrestos y crímenes y algunos hasta aparecen en disturbios políticos. Hay más suicidios en la mediana y tercera edad, más pesimismo crónico pese a acumular la mitad de la riqueza del país, más quiebras y ejecuciones hipotecarias, y más soledad por la caída de nacimientos y menos nietos que cuidar. En resumen, mientras los jóvenes de hoy son más tranquilos y retraídos que nunca, los baby-boomers envejecen con descaro, presionan sanidad y servicios sociales, y parecen empeñados en demostrar que la vejez no es para serenarse… sino para seguir liándola hasta el final. Los jóvenes rebeldes se han convertido en viejos rebeldes.
economist.com/international/…
Español




