
En el afiche soviético el trabajador celebra el primero de mayo laburando, con los brazos en tensión golpeando un yunque, empujando la locomotora del socialismo y agobiado por el esfuerzo .
En el afiche peronista, el trabajador argentino se toma el día para celebrarlo en familia, fumando un pucho y leyendo el diario. Sin que el cuerpo del obrero esté idealizado con los músculos que el trabajo duro genera, sino con bigote y panza cervecera.
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