La Hamarga
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Hora de la lamicion 😁❤️



Anoche vimos como un chico abandonó a su perro. No quedó otra que hacerse cargo entre los que presenciamos la situación. Una señora se lo llevó pero necesitamos tránsito URGENTE. Esto es en CABA, caballito Por favor me ayudan a difundir? @TheMemily @flortundis @endemianado




A 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO LO MEJOR QUE LEÍ ES LO DE JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ. 👇 (...) Nosotros se lo permitimos. Las terribles desapariciones forzosas obturaron cualquier análisis serio sobre esa camada de argentinos que frívola y trágicamente se habían dejado seducir por el guevarismo, que pusieron de moda el gatillo y el trotyl, que quisieron imponer una revolución totalitaria a sangre y fuego y que llevaron a cabo atentados, homicidios y secuestros extorsivos, tanto en su versión foquista (los erpianos) como entrista (los montos). Ambos animados por los dos grandes autores intelectuales de esa catástrofe: Fidel Castro desde La Habana y Juan Perón desde Madrid. Muchos inocentes murieron en ese prefacio siniestro. Elijamos dos pequeños ejemplos al azar: los “imberbes” que le metieron un balazo en la nuca al presidente de Fiat, Oberdan Sallustro, un expartisano que se había jugado la vida contra Mussolini en Italia (leer el último libro de Pablo Sirvén), y los que balearon delante de su propia hija a Antonio Muscat, pacífico ejecutivo de Bunge & Born, solo para aceitar un poco la negociación por aquel rescate y cobrar los sesenta millones de dólares con que Montoneros financió sus actividades ilegales y sus múltiples asesinatos a sangre fría. La violencia era la partera de la historia, y el peronismo revolucionario se había “inventado” un Perón a su gusto y conveniencia. Pero cuando el viejo general -el real, no el imaginario- llegó al país y lo vieron rodeado de matones de ultraderecha, enseguida le tiraron el cadáver del secretario general de la CGT –José Ignacio Rucci, 23 impactos de bala– para que recondujera al Movimiento hacia la “patria socialista”. La respuesta de Perón no se hizo esperar, reunió al Consejo Nacional del PJ, convocó a la juventud de la burocracia sindical y emitió un decreto donde se disponía la elaboración de un plan para “eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas”. A continuación, se llevaron a cabo destituciones y represalias armadas, macartismo y persecución directa, y pronto se creó la Triple A, que bajo su inspiración desplegó, metralleta en mano, razias contra los “zurdos” (sic). Bajo esa administración justicialista se perpetraron 1500 ejecuciones y hay registrados 900 desaparecidos en la Conadep. En la página 106 del libro Por la libre, Mario Eduardo Firmenich le confesaría luego a Gabriel García Márquez: “Desde octubre de 1975, bajo el gobierno de Isabel Perón, nosotros sabíamos que se gestaba un golpe militar para marzo del año siguiente. No tratamos de impedirlo porque al fin y al cabo formaba parte de la lucha interna del movimiento peronista”. Era preferible un Lanusse, pensaban los montoneros, que esta conflagración interna, donde se mataban entre “compañeros” gritándose Viva Perón (Soriano dixit). Pero no llegó Lanusse sino Massera, con un régimen militar que recogería las consignas y las metodologías de la derecha peronista y las llevaría a un nivel nunca imaginado: un terrorismo de Estado sistemático y ampliado hasta el infinito, que respondería con desapariciones, torturas, crímenes, violaciones y hasta robo de bebés. (...)





















