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HéctorH
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#SEGOBInforma 📢
No existe razón para manifestarse el día 06 de abril por parte de algunas organizaciones del campo y transporte
Comunicado 📄 bit.ly/4sryagw
#ConstruyendoLaPaz🕊️

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@Claudiashein @ProdeconMexico 🤣
El chiste es justificar a don pendejo
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Shakira: mucho más relevante en los mundiales que Cristiano Ronaldo.
Bruno@ThePopStage
HISTÓRICO: Shakira sería la encargada de cantar en la final de la Copa Mundial de la FIFA el 19 de julio en el MetLife Stadium. Sería la cuarta vez que Shakira se presente en la final después de los mundiales de 2006, 2010 y 2014. Reina del Mundial.
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Sin un aeropuerto a la altura, en manos de las mafias de taxistas, con baches, sin medios de transporte nuevos en la Ciudad, con ratas en Reforma y ambulantes por todos lados. Nuestro Mundial. heraldodemexico.com.mx/opinion/2026/4…
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Rectificación
El jueves 19 de marzo y el domingo 22 de marzo, @InfodemiaMex desmintió con la información oficial disponible la veracidad de las imágenes difundidas en redes sociales de una persona en un balcón de Palacio Nacional.
La información oficial hecha pública este 30 de marzo confirma que sí son reales las imágenes captadas desde el Zócalo.
Por esta razón, @InfodemiaMex rectifica y ofrece una disculpa pública a los lectores y seguidores de esta plataforma.

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@memo_schutz Así es, dejé de ver cualquier transmisión en donde te llevan de becado
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TWITTER
Twitter es maravilloso. Entras, pones: “Hoy hace buen día”, y en segundos aparece uno contestando:
“Buen día para ti, privilegiado meteorológico. Se nota que no piensas en la gente con alergia.”
Pero vamos a ver, ¿cómo puede haber un conflicto ideológico en decir que hace sol? En Twitter no escribes un tuit: lanzas una piedra a un estanque lleno de pirañas con WiFi, traumas sin resolver y tarifa ilimitada.
Luego están los haters. Esa gente que se mete en tu perfil, revisa tus fotos, tus comentarios, tus likes, tus cambios de foto desde 2018, y al final te suelta:
“No me importas nada.”
¿Que no te importo nada?
¡Pero si sabes más de mí que mi dentista y mi ex juntos!
El hater no descansa. Tú subes una foto sonriendo y responde:
“Se te ve forzado.”
¡Claro, campeón! Es una foto en una boda, no un interrogatorio en comisaría ni una reconstrucción de los hechos.
Después llegan los ofendiditos. Esa peña vive esperando a que alguien diga algo para indignarse como si cobraran por convenio. Tú haces una broma y salta uno:
“Pues a mí no me hace gracia.”
Bueno, perdona, inspector jefe del humor nacional. Menos mal que has venido a cerrar el local.
El ofendidito tiene una habilidad prodigiosa: convertir cualquier tontería en drama histórico. Tú dices:
“Hoy estoy muerto.”
Y aparece uno:
“No banalices la muerte.”
Perdona, máquina, vengo de currar, no del tanatorio.
En Twitter no puedes decir nada. Pones: “Me gusta el café”, y aparece uno:
“Claro, promoviendo la adicción.”
Subes una foto de una croqueta y sale otro:
“Eso perpetúa una narrativa problemática.”
¿Pero qué perpetúa una croqueta, aparte del colesterol y la felicidad?
Lo mejor es que muchos ofendidos leen tu mente. Tú escribes doce palabras y te responden con un hilo de veintisiete tuits explicando lo que “realmente querías decir”.
Y tú pensando:
“No, la verdad es que quería decir exactamente lo que puse, que el pan de pueblo está bueno.”
Ese es el problema de Twitter: hay gente que no quiere entenderte, quiere pillarte. No leen para conversar, leen para cazar. Entran a tu tuit como francotiradores de la moral, con hambre de ratio y complejo de fiscal del apocalipsis.
Y luego está la frase estrella:
“Te has retratado.”
Me encanta.
Como si uno hubiera confesado un crimen internacional por decir que la tortilla con cebolla está mejor. Por cierto, en Twitter puedes montar menos lío robando un banco que opinando sobre la tortilla.
Luego llega el combo completo: uno te llama payaso, otro te pone un meme, otro suelta “y la mentira?”, otro te amenaza con un “bloqueado y denunciado” como si fuese Batman con gastritis, y otro te escribe un hilo para demostrar que tu chiste vulnera no sé qué equilibrio cósmico del universo.
Los más ofendidos suelen ser también los más insultones. Van de:
“Hay que cuidar mucho la salud mental de los demás”
y dos minutos después te sueltan:
“Eres basura, das asco, ojalá desaparezcas.”
Seres de luz. Gandhi con avatar de anime y wifi prestado.
Al final entiendes lo que es Twitter: un sitio donde los haters odian, los ofendiditos se inmolan por una coma, y tú solo querías poner una gilipollez mientras estabas en el váter.
Y cuidado con la fauna de los nicks intensitos: “JusticiaUniversal_78”, “LunaRebelde_1994”, “MemoriaCrítica”, “VerdadSinFiltros”. Todos con la misma energía: gente que no disfruta ni en una piscina de bolas. Entran y dicen que hay demasiadas bolas y les invade el espacio simbólico.
Antes el pesado del pueblo estaba en el bar turrando. Ahora tiene fibra óptica, foto de anime y una bio que pone “deconstruyéndome”. Ahí está, corrigiéndote el chiste, el tono, la coma, la intención, el contexto, el pasado y, si le dejas cinco minutos, hasta a tus abuelos.
Twitter ha conseguido lo imposible: gente ofendida por bromas que ni siquiera han entendido. Hay personas que se indignan de oficio. Tú las ves venir y ya sabes que no traen conversación, traen denuncia, sermón y captura de pantalla. Una romería de traumas con avatar y tarifa plana.
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