Hugo Fernández Faingold retweetledi

EL 24 VOY A FESTEJAR
Apenas un tercio de la población desaprueba la gestión del gobierno, se crearon más puestos de trabajo que los que dejó el FA, los delitos cayeron como nunca, la inflación sigue bajísima, el salario real está más arriba que en 2019, la economía habrá crecido más que en el gobierno de Tabaré (incluso con pandemia y sequía mediante), bajaron los impuestos, las calificadoras nos ponen muy buena nota, el gasto social ha sido más alto que en el gobierno anterior, los sindicatos se respetan pero ya no mandan, y los piquetes y las ocupaciones son ilegales.
A todo esto la oposición jugó sucio desde el primer día: caceroleando frente al covid, mintiendo luego obscenamente con el referéndum de la LUC (se acuerdan de "privatizar la escuela pública"?), o haciendo humo burdamente con los casos Astesiano y Marset (donde no hubo delitos por parte de ningún gobernante).
Todo eso mientras aplaudían al delincuente de Placeres, o defendían al triturador de expedientes de Cendoya, o ahora justifican a la lacra de Charles Carrera, con un Fernando Pereira diciendo que "hubiera hecho lo mismo".
Una oposición que se subió al carro del feminismo radical y odiador, para después beber de su propia medicina con Gerardo Núñez o Tato Olmos, y que, Jorge Díaz mediante, convirtió a la Fiscalía en una cueva de militantes que lo menos que hace es dar garantías.
Y cuando esa inmadura oposición repetía al estilo Goebbels que "El gobierno fracasó", se aprobaba la reforma de la Seguridad Social que el propio Oddone confesó que habría votado, para ahora decir que hay que acatar "el mandato" de la papeleta blanca que perdió; y el Pacha llama a nacionalizar las AFAP, en consonancia con el programa del FA que estipula el "ahorro no lucrativo".
Un programa que además le da carácter "vinculante" a lo que decida el Congreso de la Educación (aunque Orsi le quiera inventar un sentido diferente a esa palabra, y recordemos que el propio Mujica dijo que a esos gremios había que "hacerlos mierda"), procurando desandar la Reforma Educativa que por fin se hizo, para que nuestros hijos aprendan a pensar.
El mismo programa que habla de aumentar impuestos y que está escrito en un lenguaje sesentista propio de una izquierda anacrónica que se quedó anclada en la lucha de clases, concepto que perdura en las cabezas de los Abdala, los Andrade y tantos del mismo partido que sigue cómplicemente esperando que Maduro presente las actas de su fraude, porque les pesa más la ideología (o la guita recibida) que sus dudosas convicciones democráticas y que el uruguayo secuestrado en el Helicoide.
Astori murió, y con él casi desapareció la socialdemocracia frenteamplista, que sin embargo sí existe en la coalición, por ejemplo con el Batllismo o con un Mieres cuya gestión y honorabilidad es reconocida por todos. Una coalición que más allá de los matices comulga con el sentido común de tantos uruguayos y del mundo entero: el de permitir que la Justicia allane una boca de noche, o que un país chiquito como el nuestro busque abrirse camino negociando con otros sin el lastre del Mercosur.
Pero más allá de las políticas hay una diferencia cultural en el sentido más amplio: la cultura de confiar en el talento y el esfuerzo de cada uno, como lo hizo mi viejo que se vino de España sin un mango, y laburando desde los 14 llegó a tener un taller mecánico (sí, el pobre obrero se volvió patrón). Gracias a la máxima artiguista de que "nada podemos esperar sino de nosotros mismos", y no a la cultura marxista del resentimiento, que ese sí es el opio de los pueblos.
Y en el fondo, en base a la convicción de que la libertad y la competencia es lo que hace evolucionar a la sociedad, con un Estado haciendo piecito a los más débiles, como tantas veces ha dicho Lacalle, pero no aplastando con su peso a los laburantes de verdad con la excusa de ayudar a los que quieren vivir de arriba.
Por eso estoy seguro de que el domingo 24 voy a festejar. Y cerca de la medianoche les voy a decir por qué.
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