Juan Ramón Rallo@juanrallo
1. Adam Smith no criticaba el beneficio. De hecho, para Smith los beneficios eran la remuneración natural del capital: "La parte del capital que un hombre emplea como tal espera siempre que le sea repuesta con un beneficio. Por eso lo emplea únicamente en sostener manos productivas; y, después de haber servido como capital para él, constituye una renta para ellos"
2. Lo que Smith sí criticaba era los beneficios extraordinarios (rentas monopolísticas) que, a su juicio, sólo podían emerger de una restricción de la competencia: "Los privilegios exclusivos de las corporaciones, los estatutos de aprendizaje y todas aquellas leyes que restringen, en empleos particulares, la competencia a un número menor del que de otro modo accedería a ellos, tienen la misma tendencia, aunque en menor grado. Son una suerte de monopolios ampliados, y pueden con frecuencia, durante siglos enteros y en clases enteras de empleos, mantener el precio de mercado de mercancías particulares por encima del precio natural, y mantener tanto los salarios del trabajo como los beneficios del capital empleado en ellas algo por encima de su tasa natural".
3. En materia de construcción, sois vosotros los que restringís la competencia impidiendo regulatoriamente aumentar la oferta de inmuebles (límites de altura y edificabilidad, zonificación restrictiva del suelo, plazos de licencia, impuestos abusivos...). Es esa restricción política de la competencia la que genera las rentas de monopolio (beneficios extraordinarios) que justamente Smith criticaba. Es decir, esa cita de Smith carga contra vosotros y no, desde luego, contra quienes defendemos LIBERALIZAR el sector.
4. Sea como fuere, todo lo anterior lo puedes representar a través de la oferta y la demanda. Con oferta y demanda puedes representar desde mercados competitivos a mercados monopolísticos. Si no eres consciente de ello, la solución es fácil: se explica en la asignatura de Introducción a la Economía.