El Padrino (NUEVA CUENTA) retweetledi

Ricardo Lindolfo Viera.
Duró poco en Junior (1979).
“Me fui con permiso de menor firmado por mis viejos. Lorenzo Carrabs me recomendó a Junior de Barranquilla y me ayudó mucho allá. Somos compadres, ya que él es el padrino de mi hijo más grande, Ricardo Fabián. ¡Tenía 17 años! Me hice hombre antes de tiempo”.
Édgar Perea le puso “el Pelé Blanco”, al verlo jugar. Cuando llegó, el técnico era la Bruja Verón padre, quien también jugaba con él, y cuando debutó ante Deportivo Cali, Perea lo hizo parar en la mitad de la cancha solo, “para que me aplaudiera todo el estadio diciendo que yo era el Pelé blanco, que había llegado de la selección juvenil, el segundo mejor jugador del mundo después de (Diego) Maradona. Sebastián Verón –la Brujita– era chiquito y corría detrás de una pelota”, explica.
Después de Junior fue a Cúcuta y su buen desempeño ahí lo llevó a Nacional.
"Al llegar a mi hotel, un uruguayo que vivía allá me dijo: ‘Mirá que mañana tenemos una cena que hay alguien que te quiere conocer’. Yo tenía 21 años y no tenía idea de que Escobar había comprado el pase y fue el más caro a nivel local: US$ 500.000 en 1982. Estuve casi dos horas para llegar a la hacienda Nápoles, por montañas. No me llevaron encapuchado. Había un portón grande y una avioneta arriba con el número 70. Había otros jugadores invitados, pero él me quería conocer a mí. Te juro que yo no sabía quién era Escobar, estaba totalmente ajeno al tema de la droga”.
“Vi una piscina tremenda, llena de mujeres desnudas, una pista de avioneta, un zoológico, y seguía caminando y había una sala, una discoteca y al otro costado, un salón que era donde hacían el asado. Fui con una gran timidez. Me dijo ‘Hola’. Después me enteré que el que estaba al lado era Popeye (Jhon Jairo Velásquez, el principal sicario de Escobar). ‘Bienvenido Tito (allá me decían así), yo fui quien le compré el pase’, me comentó. Yo no entendía nada, porque el presidente era otro. ‘Bienvenido a mi hacienda. Estoy muy contento por tener al mejor jugador del fútbol colombiano en mi club’. Le dije ‘mucho gusto’ y le di la mano”.
“Yo veía que estaban haciendo un asado al carbón, y yo era inconsciente y le pedí para terminar de hacer el asado. ‘Sí, si usted es uruguayo, ¡cómo no!’, me dijo. Me quedó espectacular y luego hablamos con mis compañeros Hernán Darío Gómez, el Bolillo que es amigo hasta hoy. Recién ahí en esa cena los conocí. Con el paso de los días, me enteré lo que era el cartel de Medellín y quién era Escobar. Él ayudaba mucho a la gente pobre de Envigado y lo querían mucho”.

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