
A mí tía-abuela sobreviviente de Auschwitz le pasó lo mismo con Vicente Fernández. Él quería hacer un negocio con uno de mis tíos, y mi tía le cerró la puerta en la nariz al son de "sí, ya me dijo ud. su nombre dos veces, y ya le dije que mi hijo no está, sr. Fernández; vuelva al rato".























