Carlos J. Irisarri
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Carlos J. Irisarri
@irimarq
Arquitectura y sensatez = Sense and Architecture





Lo de ayer en el Congreso con la AIReF no fue una sesión más. Fue la constatación de algo que es ya patente: cuando un organismo independiente dice cosas incómodas, se le intenta callar hasta que puede ser colonizado por afines. Lo primero, un poco de contexto. Cristina Herrero, ex-presidenta de AIReF, lleva semanas intentando comparecer en la Comisión de Hacienda para rendir cuentas de su mandato. Algo completamente normal. ¿Qué pasó? Que desde el Ministerio de Hacienda y el Grupo Socialista se bloqueó esa comparecencia. Directamente. La candidata que hacía seis años había sido elegida de forma unánime por esa misma Comisión, estaba siendo obligada a abandonar la institución por la puerta trasera, sin ruido y sin la posibilidad de alertar sobre el estado de las cuentas públicas antes de que su sucesora, un alto cargo del propio Ministerio de Hacienda, tome el mando. Al final tuvo que ir a otra comisión (Seguridad Nacional), invitada por el PP, no porque quisiera hacer nada "raro", sino porque no le dejaron usar el cauce habitual. Y ahí entra el diputado socialista Javier Rodríguez Palacios, ex-alcalde de Alcalá de Henares. Su intervención de ayer no fue a discutir datos, ni previsiones fiscales, ni el aviso bastante serio que lanzó Herrero (incumplimiento de reglas fiscales, falta de plan a medio plazo, deuda elevada…). Naaaaada. Fue otra cosa: descalificación personal y cuestionamiento del propio hecho de comparecer. Además, hay un punto casi irónico: se criticó la "falta de formas" de quien comparecía… cuando esa comparecencia se estaba produciendo fuera de la comisión habitual porque el propio Gobierno la había bloqueado antes. El diputado empezó hablando de "comparecencia extraña", de "puerta de atrás", de que le que sentía "pena por la trayectoria que ha tenido y por la propia AIReF"… Incluso intentó ridiculizar los informes de la AIReF diciendo que a ver de qué sirven cuando no pueden prever "el lanzamiento de misiles en Irán o el secuestro de Maduro". Todo en esa línea de rebajar, infantilizar y quitar legitimidad a quien está haciendo su trabajo: avisar de riesgos fiscales. Lo más llamativo no solo ha sido el tono, sino la idea: se está intentando presentar como problema que una institución independiente hable claro. Se le pide "discreción", que en la práctica quiere decir "no me molestes". Curioso me parece contextualizar la petición de discreción y ética por parte de un tipo protagonista de uno de los escándalos más sórdidos de la política madrileña en los últimos meses. Obligado a dimitir como secretario gral del PSOE de Alcalá acusado de filtrar fotografías (de 2014) con una striper de un compañero de partido para perjudicarle en las primarias. Si lo piensas bien, un tipo experimentado en tratar de destruir la imagen personal de los rivales, es el ejecutor perfecto de esta estrategia, en este caso, contra la ex-presidenta de una institución independiente (de las pocas que quedan ya, y sin duda la más importante que todavía no se había colonizado). El ataque a Herrero no es un hecho aislado, sino la preparación del terreno para el nombramiento de su sucesora: Inés Olóndriz. El Gobierno ha propuesto a la actual secretaria de Estado de Financiación Autonómica y Local, una colaboradora directa de María Jesús Montero, para presidir el organismo que debe evaluar, entre otras cosas, el sistema de financiación autonómica que ella misma ha diseñado y gestionado. La elección de Olóndriz es un paso más dentro de un patrón ya sistemático de colonización de organismos independientes, que ya paso de enumerar, porque la lista es demasiado larga. La propia Herrero, en su carta de despedida y en sus intervenciones finales, ha reclamado un "consenso político" para reforzar la independencia del organismo y ha advertido contra la vinculación política de sus dirigentes. La respuesta del PSOE, a través de Rodríguez Palacios, ha sido intentar anular estas advertencias calificándolas de injerencias, en una muestra clara de que el Gobierno considera que los organismos de control deben ser extensiones de su propia voluntad política. Porque el mensaje es claro: puedes ser independiente... siempre que no critiques la actuación del Gobierno.











































