@hoffmanpacheco@hoffmanpacheco
Historia real y me sucedió hace unos pocos días:
Era una noche oscura y serena, pasadas las once de la noche. Regresábamos de Bryan, esa ciudad cercana a Houston, por la autopista 99, esa vía ancha y rápida que a esa hora parecía un río de asfalto casi vacío. Íbamos a una velocidad tranquila, alrededor de 70 millas por hora, conversando todavía con el corazón lleno por la reunión espiritual que acabábamos de tener. Esa noche había compartido la Palabra de Dios con un grupo de hermanos, y el Espíritu Santo aún resonaba en nosotros.
De pronto, como salido de la nada, un bólido apareció en nuestro mismo carril, pero a más de 100 millas por hora. Luces cegadoras, un rugido ensordecedor. En una fracción de segundo, aquel carro venía directo hacia nosotros como un proyectil. No había tiempo para pensar. Solo reaccionamos por instinto… y por algo mucho más grande.
Milagrosamente, logramos esquivarlo. El corazón se nos subió a la garganta. Aún no entendemos cómo no nos impactó. Lo más inexplicable es que ese vehículo había cruzado los separadores de aluminio de la autopista, algo prácticamente imposible sin que algo sobrenatural sucediera. Fue como si una mano invisible nos hubiera movido a un lado en el preciso instante.
Aún con las manos temblando sobre el volante y la adrenalina recorriéndonos el cuerpo, avanzamos unas cuantas millas más. Entonces las vimos: decenas de luces rojas y azules iluminando la noche. Una verdadera flota de patrullas venía persiguiendo a toda velocidad a aquel mismo carro que por muy poco nos había enviado al otro lado de la eternidad.
En ese momento lo entendí con toda claridad: no fue suerte. No fue pericia. Fue un milagro.
Veníamos de predicar la Palabra de Dios… y Dios mismo nos guardó la vida. Estoy aquí, respirando, contando esta historia, porque el Señor tuvo misericordia de nosotros. Su mano de protección fue más rápida y más fuerte que aquel bólido desbocado.
¡Gloria a Dios! Porque solo por su gracia seguimos vivos para seguir testificando de Su poder y Su fidelidad.
Soy Hoffman Pacheco Gómez y esto me sucedió hace unos pocos días.