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😡 Los vecinos del tercer piso llamaron dos veces a la policía por los maullidos. Les dijeron que sin orden judicial nadie podía entrar a ese apartamento.
Los dueños de Mia se fueron de vacaciones y la dejaron encerrada en el balcón, con comida y agua para tres días, según ellos. Tercer piso, sin una sombra, en pleno sol de agosto. La de la lavandería de abajo fue la primera que la oyó, maullaba sin parar y rascaba el vidrio con desespero, a toda hora, hasta de madrugada.
Al segundo día ya casi no maullaba. Eso fue lo que más asustó a la cuadra, el silencio.
Al tercer día la encontraron en el patio interno. Se había lanzado desde el balcón, seguro buscando escapar de ese calor que no daba tregua. No sobrevivió a la caída.
Los dueños llegaron esa misma noche, bronceados, con las maletas llenas. Dijeron que pensaban que ella iba a estar bien ahí afuera.
En el balcón quedó el platico de agua volteado, seco desde quién sabe cuándo. La administración lo hizo recoger a los tres días porque deprimía a los vecinos. 😡

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