J.A. Sánchez Chibrás retweetledi

-“Que no llore el niño”, oraban los indígenas de Guerrero escondidos entre la maleza mientras veían aterrorizados como criminales del Cártel de Los Ardillos, incendiaban sus humildes viviendas.
Su llanto les daría de inmediato la ubicación de dónde estaban escondidos. De sus ojos brotaron lágrimas de miedo, de un terror que los hacía escuchar el latido de sus propios corazones. Los criminales incendiaron todo. Se llevaron sus pocas pertenencias y sus animalitos y los indígenas supieron que aquella promesa de “primero los pobres” fue en realidad, dejarlos solos a merced de los sanguinarios narcos que hoy están sembrando droga en sus tierras.
Escuchar el relato de este hombre duele profundamente. Quedarnos pasmados o indiferentes nos condena como sociedad.
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