Laura Zapata@LAURAZAPATAM
AMLO: EL SALVADOR DE LOS RESENTIDOS Y PERDEDORES
¿Alguna vez te has preguntado por qué te cuesta tanto aceptar que AMLO se equivoca?
¿Por qué cada crítica te enoja, te hiere, te arde… como si se metieran contigo directamente?
Porque no lo ves como un presidente. Lo ves como un espejo emocional.
No lo elegiste con la cabeza. Lo elegiste con las tripas.
Y él lo supo desde el primer día.
Desde el principio, AMLO no vendió ideas: vendió consuelo.
No ofreció reformas: ofreció redención.
No prometió un país mejor: prometió que tú no eras el culpable de nada.
¿Fracasaste en tus estudios? Fue culpa del “neoliberalismo”.
¿No tienes un buen trabajo? Es porque “la mafia del poder” te lo arrebató.
¿Estás atrapado en una vida que no querías? Tranquilo, no fue tu responsabilidad: el sistema te jodió.
Así empezó todo.
Transformó el resentimiento en virtud.
Convirtió el estancamiento personal en orgullo ideológico.
Y llamó “justicia social” a lo que no era más que revancha emocional.
¿Por qué crees que dividió al país entre “los de arriba” y “los de abajo”?
Porque no necesitas argumentos cuando tienes una dicotomía moral.
Basta con repetir: ellos son los malos, tú eres el bueno.
Y así nació la narrativa perfecta para quien no quiere hacerse cargo de sí mismo.
Una narrativa donde el culpable siempre es otro.
Una donde el esfuerzo personal es irrelevante y el mérito ajeno, sospechoso.
¿Te das cuenta de lo cómodo que es eso?
No necesitas mejorar.
No necesitas competir.
No necesitas estudiar más, ni trabajar más, ni superarte.
Solo necesitas indignarte.
Y él te dio razones nuevas cada mañana.
¿Ves ahora por qué la crítica a AMLO se siente como un ataque personal?
Porque si él está equivocado, entonces tú también.
Porque si su discurso es falso, tu excusa también lo es.
Y eso duele más que cualquier insulto.
Entonces te aferras más.
Te radicalizas.
Suspende el juicio crítico.
Y en nombre de “los pobres” justificas cualquier cosa: censura, militarización, destrucción institucional, ataques a la Corte, manipulación electoral.
¿No es eso lo más antidemocrático que existe?
Pero como te dijo que tú eras “el pueblo bueno”, te lo creíste.
Y te volviste su cómplice emocional.
Porque no estás defendiendo a un presidente.
Estás defendiendo tu derecho a no responsabilizarte.
Tu derecho a culpar a otros de lo que no has querido enfrentar.
Tu derecho a seguir igual… pero sentirte moralmente superior.
¿Y si lo que más odias de los “fifís” no es su riqueza, sino que no te necesitan para nada?
¿Y si lo que más te irrita no es su privilegio, sino su autonomía?
¿Y si por eso necesitas tanto a AMLO?
Porque sin él, el fracaso dejaría de ser un mérito.
Y la envidia, dejaría de ser virtud.
Entonces no. No te enoja que critiquen a tu presidente.
Te enoja que te quiten la coartada.
Y eso, querido, se llama despertar.