Dahliabat 🦇@DahliaBat
Las organizaciones que trabajamos el tema del aborto estamos atravesando una crisis severa al igual que muchas colectivas que trabajan derechos LGBT, política de drogas y antirracismo.
El recorte de financiamiento internacional a organizaciones del sur global que defienden derechos humanos nos dejó en una incertidumbre económica brutal.
Morras Help Morras es el trabajo asalariado de tres personas. Sin financiamiento no hay sueldo.
Literalmente quedamos desempleadas por dedicarnos al activismo del aborto.
Quiero decir algo que casi nunca se nombra: nosotras ganamos apenas un poco arriba del salario mínimo. A veces cuando conseguimos dos o tres fondos alcanzamos a ganar dos salarios mínimos. Rara vez llegamos a tres.
A cambio hacemos litigio estratégico, creación de contenido contra fundamentalismos y acompañamiento de abortos 24/7 hasta la semana 23.
Es una carga laboral enorme y altamente especializada. El activismo no es un hobby ni un voluntariado. Es trabajo y merece una remuneración digna.
En ese contexto resulta imposible no hablar de la desigualdad dentro del propio ecosistema del activismo.
Veo a Saskia Niño de Rivera promoviendo un crowdfunding millonario para construir un refugio para niñas y niños que han vivido violencia, mientras al mismo tiempo presume y vive públicamente con estilo de vida ostentoso y presumen una camioneta de lujo cuyo costo equivale a lo que muchas organizaciones necesitaríamos para sostener o terminar proyectos completos. Con lo que cuesta esa trocona se podría financiar buena parte de un refugio sin necesidad de pedirle dinero a la gente.
También me parece legítimo cuestionar el modelo de monetización alrededor del podcast Penitencia. Es un proyecto que genera capital económico y simbólico a partir de historias de dolor extremo.
Desde aquí la impresión es que esos beneficios se concentran en la figura que lo encabeza. Nomás basta con tener tres neuronas y escuchar el intro de su podcast para entender que se trata de ella. No se hagan las europeas.
No es claro cuánto de ese dinero se traduce en financiamiento directo y sostenido para el trabajo de reinserción que dice acompañar. De hecho es opaco.
De hecho si revisas los informes y las cifras de resultados de reinserción de adolescentes y trabajo de base de Reinserta te quedas fría. Y si escuchas testimonios de ex voluntarias, te quedas helada.
Soy anticarcelaria y antipunitiva. Creo que las cárceles no deberían existir.
Me parece indispensable escuchar a personas privadas de la libertad, incluso a quienes cometieron delitos graves, para entender las violencias estructurales que producen el crimen y pensar en un mundo sin cárceles.
Por eso mi problema con el podcast Penitencia de Saskia Niño de Rivera no es que entreviste a personas presas, sino el enfoque. Penitencia prioriza el morbo y convierte historias extremas en contenido rentable sin empujar una reflexión profunda sobre las causas estructurales de la violencia ni cuestionar de raíz el sistema punitivo.
Muchas personas lo notan, pero pocas lo nombran. También entre mujeres existen alianzas que protegen privilegios y silencian críticas dentro de los mismos círculos.
Yo quiero escuchar a las personas presas para imaginar la abolición del sistema penitenciario. Saskia escucha para reformarlo y fortalecerlo.
Esa diferencia es política. Ella opera dentro del sistema. Muchas de nosotras queremos que el sistema penitenciario arda.
A las madres les destrozaba los papeles de cumpleaños de su hijos para entrar a visita, pero ella entra con micrófonos y cámaras.
Y pues nada, me dio coraje ver a una mujer rica que conduce una camioneta un millón y medio de pesos y que monetiza hasta 300 mil pesos al mes con su podcast pedir dinero para continuar con su filantropía.
¿Por qué no lo ven problemático? ¿Por las políticas de respetabilidad que da la blanquitud? ¿Por un pacto de clase?