Mariano Tilli 💚@icevainillaice
El sábado a la noche cené con amigos en Azul. Los veo cada dos años cuando voy a votar. No son gorilas. Tampoco mileistas. Laburan. Algunos tienen campos, otros trabajan en sectores relacionados con el campo como transporte, venta de autos, veterinarios, ingenieros agrónomos y peones. No tienen tiempo de a Majul ni duro de domar. Su vínculo con la politica es muy lateral. Cuando volví al hotel me quedé pensando en dos cosas que escuché. Primero, me preguntaban porque no les explicamos el gobierno de Alberto Fernández. Porque sentían que solo lo responsabilizamos a él como chivo expiatorio y así lavábamos culpas. Y que sin eso era imposible que nos creyeran de nuevo: “ya nos dijeron que volvían mejores y les creímos. Como les vamos a creer de vuelta si no nos dicen qué pasó. No entendemos de política pero no somos boludos”, me dijo uno que lo había votado.
En segundo lugar, me plantearon algo que no valoraba mucho. :?Milei cumplió hizo manejable la inflación, decían. Y eso generó una cosa que yo subestimaba: mayor previsibilidad. Una familia hoy puede saber si se va o no de vacaciones. Que el dólar esté bajo artificialmente no es un tema si podes ir una semana a Brasil. O a Las Toninas. No importa. Pueden planificar. Desde comprarte una pava eléctrica en 12 cuotas fijas o pagarle el viaje de egresados a tu hijo. O comprar unos pocos dólares para ahorrar. Es cierto que no hablamos de las mayorías. Pero quizás un 30 o 40% de la población veía eso como un paso adelante. Me decían que esa previsibilidad se vio jaqueada por las elecciones. Hace 4 meses se paró todo. Y mucha gente presintió que se podía poner en riesgo esa posibilidad de planificar. Otra vez el dólar podía volar o se podían terminar las cuotas sin interés. Era volver atrás. Subestimar lo que genera poder ordenar la vida familiar es olvidarse de cómo el menemismo ganó las elecciones de 1993, 1994 y 1995, recordé. Si el lunes bajan el dólar y las tasas, ellos sentían que habían votado bien. Que los bancos le seguirán ofreciendo la Air fryer que desean en 18 cuotas sin intereses y que, al menos el 30% de los argentinos que llegan a fin de mes, podrán comprar unos dólares para irse a Brasil o al mundial. O cambiar la camioneta. Con inflación alta no se podía planificar nada, repetían.
Ese miedo existió. No importan Pareja, Ajmechet o el Nene Vera. No los conocen. Y ese luego se multiplicó a partir de los vaivenes que originó la derrota del 7S. Por eso mucho voto fue para cuidar eso que ellos ven como un logro. Y especialmente porque enfrente no veían un proyecto con un discurso único y un objetivo claro. El 7S era opinar sobre Kicillof o el intendente local. Ahora era otra cosa. Y no veian una opción en el peronismo que no se responsabilizaba de Alberto ni decía que era positivo poder manejar la inflación, incluso reconociendo los dislates y la crueldad del gobierno y a los costos sociales que pagaban los jubilados. Sin tener idea de qué significa ser libertario, solo decían que querían pagar impuestos pero ver los beneficios de ello, con más iluminación o más plazas lindas. No pedían mucho más. Con cierta previsibilidad y capacidad para planificar, incluso cosas pequeñas como comprar un plancha en cuotas, ellos estaban bien. Recordé que Menem ganó así en medio de denuncias de corrupcion, lavado y narcotrafico. Igual que ahora. El voto cuota.
Pero en el voto a veces se juegan cosas muy pequeñas para los analistas políticos que son muy importantes en la vida diaria de hasta los más pobres.
Comimos pizza y nos reímos. Brindamos y celebramos a los que no están. Pero para mí fue más que eso. Sentí nuevamente que mi mirada estaba sobreideologizada. A que a veces se aprende más comiendo unas pizzas con amigos que no saben quién es Spagnuolo que en este microclima de tuiter.
Sabiendo que describir no es compartir, entendí las razones de esos votos a Milei.
Si. Para ganar hay que entender las razones del otro.
Y aprender a escuchar.
Creo hoy que es imprescindible