
🌍 From Tanzania to the World.
Juan Sanchez
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@juansan4444
Piedra y paisaje. Un paraiso? La tierra,lo demás,cuentos. Lástima que la devoremos!. La bici? Se extenderá si es segura;Si no,entre coches vale.

🌍 From Tanzania to the World.




Video (with English subtitles) of Israeli racist minister Itamar Ben Gvir at an Israeli facitility where the activists of the Global Sumud Flotilla were being held, doing his best to humiliate them.






"Hay 15 periodistas libaneses asesinados por Israel, 262 periodistas palestinos asesinados por el ejército israelí en Gaza" @olgarodriguezfr sobre el asesinato de la periodista Amal Khali 👇🏽 📺 youtube.com/watch?v=J5xJs_…




Si ya lo decían los expertos en movilidad urbana... ¿para qué vas a construir infraestructuras ciclistas en Londres, si en ciudades así nadie las va a utilizar? El tiempo pone a cada uno en su sitio.





Lebanese poet Khatoun Salma and her husband were killed yesterday after Israeli aircraft bombed a residential building in the Talat al-Khayyat area of Beirut.




"Residents won't use bikes or scooters." "Commuters won't use bikes or scooters." "Tourists won't use bikes or scooters." And then something magical happens when you create a network of bike lanes. 👀




Almost 20,000 new cycle parking spaces are giving Londoners more places to leave their bikes. Cycling is up in London. Daily cycle journeys increased by 12.7% between 2024 and 2025, with 1.5 million journeys taking place every day.




Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ. Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día: La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil. Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista? La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana. Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo. Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes. Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.